Más de 600 mujeres se reunieron para una jornada de formación, testimonios y oración centrada en su dignidad como hijas amadas de Dios
DEARBORN — Hay heridas que pueden hacer que una mujer olvide su propio valor. Palabras que escucha desde niña, experiencias que la marcan y expectativas que la llevan a buscar en la mirada de los demás la aprobación que anhela. Pero ¿qué ocurre cuando descubre que su dignidad no depende de esas voces, sino del amor con el que Dios la creó?
Esa fue una de las preguntas que atravesó la 17ª Conferencia de Mujeres Hispanas de la Arquidiócesis de Detroit, celebrada el sábado 10 de octubre en el Centro de Artes de Dearborn bajo el lema “Diseñada para la gloria”. Más de 600 mujeres participaron en una jornada de charlas, testimonios personales, música y adoración eucarística.
Durante el encuentro, las participantes reflexionaron sobre la dignidad de la mujer, las heridas que pueden afectar su identidad y la esperanza que nace de la fe. La misa, presidida por el arzobispo Edward J. Weisenburger, y la homilía del P. Jaime Hinojos completaron un día marcado especialmente por la oración y la búsqueda de sanación.
“Para mí, esta conferencia fue más que un evento: fue un encuentro, porque siento que las mujeres realmente se encontraron con Dios”, reflexionó Karen Solís, responsable de la música y la Hora Santa, en una entrevista con Detroit Catholic en español.
Redescubrir el valor de cada mujer
Las charlas de Marcela Palos y Brenda García abordaron el lema desde perspectivas diferentes, combinando la formación sobre la identidad femenina con experiencias personales de sufrimiento y esperanza.
Palos centró sus presentaciones en la dignidad de la mujer y en cómo las experiencias de vida pueden influir en la percepción que cada persona tiene de sí misma. A partir de la teología del cuerpo de san Juan Pablo II, explicó la identidad humana desde la perspectiva de la fe y recordó que el valor de una mujer no depende de su apariencia, sus logros ni la aprobación de los demás, sino del amor de Dios, que las considera hijas amadísimas.
La conferencista también habló de las heridas que pueden originarse en la infancia y de cómo ciertas palabras, incluso pronunciadas sin medir sus consecuencias, pueden permanecer en la memoria durante años. Comentarios sobre la apariencia, la conducta o la capacidad de una niña pueden terminar convirtiéndose en ideas que condicionan la forma en que se ve a sí misma en la edad adulta.
Palos transmitió conceptos profundos de una manera cercana, accesible para mujeres de distintas edades y circunstancias. Según Karen Solís, sus charlas no se limitaron a señalar las heridas, sino que invitaron a reconocerlas y buscar caminos de sanación. El objetivo era recuperar una dignidad que, aunque puede verse afectada por las experiencias personales, no deja de tener su fundamento en el amor de Dios.
Brenda García, por su parte, compartió su experiencia personal en torno al amor humano, las decepciones y la esperanza. Su testimonio incluyó el dolor de una relación que parecía encaminarse al matrimonio y que finalmente terminó, obligándola a afrontar una realidad muy distinta de la que había imaginado.
A través de su historia, transmitió que el sufrimiento no tiene por qué ser el final de una historia y que, incluso en medio de circunstancias difíciles, pueden surgir frutos que una persona no alcanza a comprender en ese momento.
Testimonios que abrieron caminos de esperanza
Otro de los momentos que más impactó a las asistentes fue el testimonio de Armida Ponce, quien compartió una historia marcada por el abuso sexual durante la infancia y las consecuencias que esas experiencias tuvieron en su vida adulta.
Ponce relató cómo, después de atravesar situaciones dolorosas y varios abortos, llegó a un momento en el que sintió la necesidad de buscar ayuda y acercarse a Dios. Su encuentro con la fe la llevó a afrontar heridas que había intentado dejar atrás y a emprender un camino de sanación.
También compartió cómo llegó a perdonar a la persona que había abusado de ella y cómo esa experiencia transformó su manera de comprender su propia historia. A partir de entonces, decidió dedicar parte de su vida a la defensa de la vida y al acompañamiento de mujeres que atraviesan situaciones vulnerables.
“El testimonio fue muy movilizador, y puso de manifiesto tanto la profundidad de algunas de las heridas que pueden cargar las mujeres como la importancia de contar con espacios donde puedan encontrar apoyo y acompañamiento”, explicó Karen Solís.
La conferencia también incorporó este año un espacio especial para las adolescentes, con actividades y charlas adaptadas a su edad. La iniciativa permitió abordar temas que afectan a las jóvenes, como las adicciones, en un ambiente propicio para compartir sus inquietudes y hablar con mayor libertad de las dificultades que atraviesan.
La música y la adoración como centro del encuentro
Como responsable de la música durante la conferencia, Karen Solís buscó que los cantos acompañaran y reforzaran los mensajes de las expositoras. Su ministerio participó en distintos momentos de la jornada, incluidos los intervalos, los tiempos de descanso y la Hora Santa.
El repertorio combinó música latina, electrónica y rock de distintas épocas, con la intención de llegar a mujeres de diferentes edades.
Pero fue durante la Hora Santa cuando Solís vivió uno de los momentos más significativos del día. Desde la tarima donde se ubicaba el ministerio de música, pudo observar a las más de 600 mujeres reunidas ante Jesús Eucaristía, con la mirada fija en Él.
Para ella, aquella imagen resumió el sentido de la conferencia: después de escuchar charlas y testimonios sobre la dignidad, las heridas y la esperanza, las participantes pudieron llevar todo lo vivido a la oración y encontrarse personalmente con Jesús.
La gloria de Dios en la vida cotidiana
La Misa presidida por el arzobispo Edward J. Weisenburger fue otro de los momentos centrales de la conferencia. Durante la homilía, el P. Jaime Hinojos retomó el lema “Diseñada para la gloria” a partir de las lecturas bíblicas del día.
El sacerdote recordó que la verdadera gloria no consiste en recibir aplausos, alcanzar prestigio o conseguir reconocimiento, sino en vivir en unión con Cristo y reflejar su presencia a través de las propias acciones.
Al reflexionar sobre el Evangelio, en el que Jesús declara dichosos a quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica, el P. Hinojos presentó a María como modelo de fe. La madre de Jesús no solo recibió la Palabra, sino que confió en ella y respondió con su vida.
El sacerdote invitó a las mujeres a seguir ese mismo camino: escuchar la Palabra, acogerla con fe y llevarla a la práctica mediante decisiones concretas, el perdón, el servicio y la fidelidad a Dios en las dificultades.
También destacó el papel de las mujeres en la transmisión de la fe dentro de sus familias. Enseñar a los hijos a participar en la misa o a rezar el rosario puede parecer una tarea cotidiana, pero esos gestos pueden dejar una huella que perdura durante toda la vida.
“Al recordar el papel de su propia madre y de su abuela en su formación religiosa, el P. Hinojos se emocionó al evocar cómo le habían enseñado a rezar el rosario. Ese momento puso de manifiesto el valor de tantos gestos cotidianos que, aunque a veces parecen pequeños, pueden marcar profundamente la vida de una persona y su relación con Dios”, explicó Solís.
Un espacio para volver a casa con esperanza
Al hacer un balance de la conferencia, Karen Solís destacó la participación de mujeres de distintas generaciones y el trabajo coordinado del equipo organizador. También subrayó el significado especial que estos encuentros tienen para las mujeres hispanas que viven lejos de sus países de origen, sus familias y las comunidades en las que crecieron.
Muchas han dejado atrás sus hogares, amistades y trabajos para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. En ese contexto, compartir la fe con otras personas que hablan su idioma y comprenden parte de sus experiencias puede ofrecerles un sentido de pertenencia y la oportunidad de sentirse acompañadas.
La conferencia recordó que nadie tiene que afrontar sus dificultades en soledad. Los testimonios, la oración y la posibilidad de acercarse a otras personas pueden abrir caminos para quienes necesitan ser escuchadas, encontrar apoyo o comenzar un proceso de sanación.
Para Karen Solís, una mujer que encuentra consuelo y fortaleza en Dios también puede llevar esa esperanza a su familia y a su comunidad.
“Una mujer con el corazón lleno es una mujer que tiene un hogar fuerte. Ella es el corazón de la familia. Por eso, defender su dignidad es también proteger el hogar”, concluyó.
Como recordó el P. Hinojos en su homilía, la gloria a la que están llamadas no consiste en que el mundo se fije en ellas, sino en que, al verlas, pueda reconocer a Cristo.
Así, las participantes fueron invitadas a regresar a sus hogares con una renovada conciencia de su identidad como hijas de Dios y de la importancia de reflejar su amor en los pequeños gestos de cada día.


