El Papa León XIV: “La fraternidad y la paz son nuestro destino”

El Papa durante el ángelus | Crédito: Vatican Media

Durante el rezo del Regina Coeli de este domingo —la oración que sustituye al Ángelus durante el tiempo pascual— el Papa León XIV afirmó que, al amarse unos a otros como Cristo nos ha amado, los cristianos anticipan el cielo en la tierra y muestran al mundo que “la fraternidad y la paz son nuestro destino”.

"Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único", detalló.

El Pontífice, recordó que, como en la Iglesia primitiva, durante el tiempo pascual los fieles vuelven a escuchar las palabras de Jesús a la luz nueva de su pasión, muerte y resurrección. “Lo que los discípulos antes no entendían o les provocaba turbación —explicó— ahora vuelve a su memoria, les hace arder el corazón y les da esperanza”.

El Papa se detuvo en el Evangelio proclamado este domingo, que introduce a los fieles en el diálogo de Jesús con los apóstoles durante la Última Cena cuando les dice: "Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes".

Según León XIV, esta promesa “nos involucra ya desde ahora en el misterio de su resurrección” y, en este sentido, destacó que los apóstoles descubren que “en Dios hay lugar para cada uno”. 

Recordó que dos de ellos ya lo habían experimentado en su primer encuentro con Jesús, a orillas del Jordán, cuando el Señor los invitó a quedarse en su casa aquella tarde: “También ahora, frente a la muerte —añadió—, Jesús habla de una casa, esta vez inmensa: la casa de su Padre y Padre nuestro, donde hay lugar para todos”.

El Papa describió a Cristo como el siervo que prepara las habitaciones, de modo que cada hermano y cada hermana, al llegar, “encuentre la suya lista, se sienta esperado desde siempre y finalmente encontrado”.

En contraste, León XIV reflexionó sobre el mundo actual, todavía marcado por la lógica del privilegio y la exclusividad. “En el viejo mundo —dijo— lo que atrae la atención son los lugares reservados a pocos, las experiencias al alcance de unos cuantos, el privilegio de entrar donde otros no pueden”. 

Frente a ello, en el mundo nuevo "el Resucitado nos lleva" y "lo más valioso está al alcance de todos". Lo que es de todos, agregó, "genera alegría; la gratitud sustituye a la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no produce desigualdad”.

En ese horizonte, nadie se confunde con otro ni queda perdido. “La muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria —advirtió—, pero en Dios cada uno es finalmente uno mismo”.

Además, el Pontífice, explicó que la fe libera el corazón ya que da por cierto que "cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios".

El Pontífice concluyó invitando a rezar a María Santísima, Madre de la Iglesia, "para que toda comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno".

-Esta nota fue publicada originalmente en ACIPRENSA.



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