“Esto es sólo el comienzo”: la visita del Papa León XIV electriza a Francia

Thierry Lavit, alcalde de Lourdes, Francia, recibe al papa León XIV en la ciudad el 26 de septiembre de 2026. (Foto de OSV News/Vatican Media)

“Tengo que preguntarlo: ¿quién, aparte del Papa, es capaz de reunir a 600.000 personas en Francia en 2026? ¿Quién más que él puede generar un sentimiento de unidad nacional en nuestro país?”.

El reconocido periodista francés Stéphane Bern, figura destacada en la defensa del patrimonio cultural de Francia, pronunció estas palabras en una entrevista con medios franceses pocos días antes de la visita del Papa León XIV al país, del 25 al 28 de septiembre.

En aquel momento, las declaraciones de Bern pudieron causar sorpresa en más de una redacción acostumbrada al amplio consenso en torno al sacrosanto principio de laïcité del país.

Y, sin embargo, más de 800.000 personas abarrotaron la Plaza de la Concordia y los Campos Elíseos para la Misa del Papa el 26 de septiembre. Entre ellas había unas 200.000 que decidieron probar suerte a última hora, pese a que las entradas ya se habían agotado. Mientras tanto, los jóvenes habían obtenido todas las 80.000 entradas disponibles para la vigilia del 25 de septiembre, presidida por León XIV en el Stade de France.

Las multitudes fueron, por sí solas, una de las muchas señales del extraordinario fervor popular que rodeó la visita. El entusiasmo ha llevado a algunos observadores a preguntarse si esta podría marcar una nueva etapa en un despertar religioso ya visible en el notable aumento de los bautismos de adultos en Francia.

Cuando “Francia rima con esperanza”

El impacto de la visita ya podía medirse por la cantidad de figuras públicas —políticos, periodistas e intelectuales que nunca habían profesado ninguna fe cristiana— que compartían imágenes del Papa abrazando y bendiciendo a niños y personas con discapacidad. Expresaban su emoción ante lo que describían como un inusual momento de unidad y solidaridad.

Una reacción semejante se escuchó durante todo el fin de semana en las calles de París, desde los barrios que rodean Notre-Dame hasta el Stade de France y la Plaza de la Concordia. Allí, algunos se quejaban —quizá haciendo honor a la fama internacional de los franceses de quejarse— de no haber podido satisfacer su deseo de acercarse al Vicario de Cristo.

“No es justo que sólo se permita entrar a Notre-Dame con el Papa a los clérigos”, exclamó una mujer de mediana edad entre la multitud. “No entiendo por qué las autoridades impusieron estos límites de aforo. Toda Francia debería poder participar en las celebraciones del Papa”, dijo Arthur, de 30 años, quien explicó que, aunque no era creyente, la visita había despertado su curiosidad.

Un peregrino recibe una bendición durante una Misa al aire libre en el viaje apostólico del Papa León XIV a Francia. | Crédito: Solène Tadié.
Un peregrino recibe una bendición durante una Misa al aire libre en el viaje apostólico del Papa León XIV a Francia. | Crédito: Solène Tadié.

Para muchos, también fue una oportunidad de redescubrir una fe cuyos códigos se les habían vuelto ajenos. Turistas españoles explicaban de buen grado los símbolos y protocolos católicos a transeúntes curiosos. Familias de clase media con diez hijos estaban junto a góticos tatuados y personas de toda condición, compartiendo la misma alegría mientras esperaban alcanzar a ver al Santo Padre.

Algo parecido sucedió en el Stade de France, donde la vigilia trascendió algunas de las divisiones que habitualmente atraviesan el catolicismo francés. Los cantos tradicionales en latín se mezclaron con las alabanzas y la adoración de estilo carismático, mientras que en las gradas estaba representada una notable diversidad de sensibilidades espirituales y procedencias sociales.

“¡Nunca olviden que Francia rima con esperanza!” (France rime avec espérance), exclamó el narrador al final de una representación en la vigilia que repasó la historia de los santos de Francia.

Pierre Lombard, un influencer católico detrás de la cuenta Christatus, contó que entrevistó a unos 20 jóvenes a la salida del estadio después de la vigilia y que le sorprendió la unanimidad de sus respuestas. “Lo que se repetía una y otra vez eran las palabras paz, esperanza y alegría: la alegría de ver a tantos cristianos y darse cuenta de que la Iglesia está, en realidad, increíblemente viva”, dijo al National Catholic Register.

El Papa León XIV celebra la Misa en la Plaza de la Concordia, en París. | Crédito: Solène Tadié.
El Papa León XIV celebra la Misa en la Plaza de la Concordia, en París. | Crédito: Solène Tadié.

Para Julien Dodeman, quien dirige el canal de evangelización Cathoglad, el encuentro en el Stade de France también fue el momento en que muchos parecieron comprender que ser católico no tenía por qué limitarse a llevar discretamente una cruz al cuello.

“Éramos 80.000 proclamando a gritos la alegría de amar a Cristo”, declaró al Register. “Fue sencillamente increíble para un país como el nuestro, donde la fe tiende a quedar relegada al ámbito privado”.

“Había soñado con este momento”, continuó. “Me había dicho que, el día en que la Iglesia lograra hacer algo así, habríamos alcanzado un hito decisivo. Y aquí estamos”.

Un renovado orgullo católico

Las imágenes de la visita del Papa León XIV resonaron mucho más allá de las fronteras de Francia. Algunos comentaristas extranjeros, como el escritor estadounidense Rod Dreher, llegaron a hablar de un “milagro” que se estaba produciendo en París: un llamativo cambio de perspectiva apenas dos años después de que la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024 provocara indignación entre cristianos de todo el mundo por escenas ampliamente percibidas como una burla al cristianismo.

“Creo que esto une muchísimo a la gente y que, efectivamente, hay una sensación de victoria: la de ver al catolicismo en Francia hacerse presente en el espacio público”, dijo Dodeman.

Al menos 80.000 jóvenes católicos se congregaron en el estadio nacional de fútbol de Francia, al norte de París, el 25 de septiembre para rezar con el Papa León XIV. | Crédito: Solène Tadié.
Al menos 80.000 jóvenes católicos se congregaron en el estadio nacional de fútbol de Francia, al norte de París, el 25 de septiembre para rezar con el Papa León XIV. | Crédito: Solène Tadié.

Ese cambio era perceptible incluso fuera de los círculos cristianos. Susumu Sakamoto, periodista del diario japonés Asahi Shimbun que cubrió la visita papal, declaró al Register que ese grado de interés por el Papa era relativamente nuevo en Japón. En un contexto de guerras, crecientes tensiones internacionales y trastornos provocados por la inteligencia artificial, afirmó que las palabras de una figura capaz de hablar más allá de las fronteras nacionales habían adquirido un peso especial, sobre todo en Francia, donde una secularización extrema parece coexistir ahora con una repentina revitalización espiritual.

Pero una de las señales más claras del cambio de ambiente provino de los propios católicos franceses, que parecen más dispuestos que nunca a expresar abiertamente su fe. Esto supone una marcada ruptura con una arraigada cultura de discreción, a menudo motivada por el temor a sufrir consecuencias profesionales o sociales. Hasta hace poco, muchos preferían dar su testimonio de forma anónima o identificarse sólo por su nombre de pila.

Jacques-Henri de Livron, voluntario de 28 años en el Stade de France cuya fe se ha fortalecido en los últimos años, quiso romper precisamente con esa costumbre al insistir en dar su nombre completo durante una entrevista con EWTN News. “Como cristianos, creo que ya no deberíamos tener miedo de hablar”, dijo. Su actitud contrastó con la de varios periodistas de medios nacionales que cubrían la visita y se negaron a decir si tenían fe, por considerar la pregunta demasiado personal.

Corentin Dugast contribuye a impulsar ese cambio. Más conocido en internet como “Un Homme Catholique”, Dugast —autor de libros sobre Charlie Kirk y Fulton Sheen— presenta a los católicos de Estados Unidos como modelo de la confianza para expresar públicamente la fe que, a su juicio, les ha faltado durante mucho tiempo a los católicos franceses.

“Lo que espero, ante todo, de la visita del Papa es que ayude a poner fin de manera duradera a la timidez a la hora de expresar la fe, especialmente entre los obispos, que a veces parecen temer hasta a su propia sombra y son reacios a proclamar el Evangelio cuando este interpela al mundo”, dijo al Register.

Lo que está en juego cobra especial importancia porque el propio Papa sigue de cerca la revitalización católica de Francia, impulsada en gran medida por miembros de la generación Z sedientos de sentido, orientación y un mensaje claro.

Un ejemplo llamativo es Paul Criner, bautizado la pasada Pascua a los 33 años, cuyo viral testimonio de conversión presentó a Cristo como el modelo supremo de masculinidad y un camino de sanación para una generación de hombres que carecen de figuras paternas sólidas.

“Hay que estar ciego para no ver que el Espíritu Santo está actuando”, dijo al Register al describir la fe de los jóvenes como profundamente arraigada y poderosa. “Ya no se trata simplemente de una fe heredada por tradición, sino de una fe abrazada libremente. Algo muy hermoso está tomando forma. Esto es sólo el comienzo”.

Con ese comienzo, dijo, llega también una responsabilidad. “Se avecina algo trascendental —en el mundo, pero quizá especialmente en Francia—”, nación que, como “hija primogénita de la Iglesia”, tiene “un papel importante que desempeñar”.

Por ahora, los misioneros del “continente digital” parecen ser de los primeros en asumir esa responsabilidad. Un gran encuentro que organizaron el 24 de septiembre, víspera de la llegada de León XIV, despertó tanto interés que tuvo que trasladarse de la iglesia de la Madeleine a la mucho más amplia iglesia de Saint-Sulpice. Allí se reunieron cerca de 2.500 personas, mientras al menos otras 100.000 siguieron el evento en línea.

Para Julien Dodeman, de Cathoglad, el verdadero alcance de este “nuevo Pentecostés” se medirá cuando las multitudes se dispersen. “No podemos limitarnos a permanecer en el monte Tabor, aferrados a este momento”, dijo. “Tenemos que volver a la sociedad y llevar a todos este impulso evangelizador”.

“Tenemos que bajar del monte”, añadió. “Pero después debemos salir al encuentro del mundo”.

-Esta nota fue publicada originalmente en ACIPRENSA.



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