Durante la cena benéfica anual, Marcela Palos compartió su conversión a la causa provida y recordó las enseñanzas de Mons. Reilly sobre la importancia de acercar el amor y la misericordia de Dios a todas las personas involucradas en el aborto
DETROIT — La defensa de la vida no consiste solamente en salvar a los niños por nacer, sino también en acompañar a las madres y los padres que han vivido un aborto y recordarles que el amor y la misericordia de Dios nunca los abandonan.
Ese fue uno de los mensajes centrales de la conferencista mexicana Marcela Palos durante la Cena Benéfica Anual Vida Preciosa, celebrada el 23 de octubre en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón, en Detroit. El encuentro reunió a casi cien personas para una noche de formación, testimonios y celebración organizada para apoyar el trabajo provida de Right to Life of Michigan entre la comunidad hispana.
Marcela Palos compartió parte de su historia personal, desde sus antiguas convicciones liberales hasta su compromiso con la defensa de la vida y su fe católica. También rindió homenaje a Mons. Reilly, a quien considera una especie de abuelo espiritual por la influencia que tuvo en su vida y en su compromiso provida.
A través de su testimonio, recordó una enseñanza del sacerdote dirigida a quienes acompañan a las mujeres frente a las clínicas de aborto: aunque su intención sea salvar la vida de los niños, su misión también debe incluir la salvación de las almas de quienes participan en un aborto, desde los profesionales que lo practican hasta las madres y los padres que lo han elegido.
La defensa de la vida, desde esta perspectiva, no puede separarse de la misericordia. Dios no deja de amar a las personas por sus decisiones, y transmitir ese amor puede abrir un camino de arrepentimiento, sanación y reconciliación para quienes cargan con el dolor de un aborto.
Marcela Palos también compartió las dificultades que atravesó después del nacimiento de su hijo, cuando sufrió una crisis posparto y se encontró en un lugar nuevo, lejos de sus seres queridos. El acompañamiento de las personas que se acercaron para ayudarla fue fundamental para superar aquel momento.
La maestra de ceremonias, Claudia Serrato, ofreció otro testimonio personal sobre la maternidad. Compartió cómo el nacimiento de su hijo mayor, lejos de perjudicar su vida, la ayudó a cambiar de rumbo y a encontrar un nuevo camino.
Una comunidad que hace posible la misión
María Teresa García, integrante del equipo de Right to Life, destacó la buena recepción de los testimonios y el compromiso de los voluntarios que colaboraron en la organización. La presentación de Palos alternó entre el inglés y el español, lo que permitió que tanto los asistentes hispanohablantes como los angloparlantes pudieran participar.
La noche también incluyó una rifa y un baile, mientras que una pareja de voluntarios se encargó de organizar actividades para los niños. El Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Detroit, por su parte, donó una mesa para que participaran sacerdotes que acompañan a la comunidad hispana.
María Teresa subrayó que el trabajo que realizan durante todo el año no sería posible sin el apoyo de quienes colaboran, patrocinan las actividades y participan en los distintos encuentros.
La cena fue, así, una ocasión para agradecer a quienes sostienen esa misión y recordar que la defensa de la vida requiere tanto compromiso como compasión: proteger a los más vulnerables, acompañar a quienes sufren y ayudar a que todos puedan encontrarse con el amor y la misericordia de Dios.
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