Amigas de María: un grupo de mujeres que sale al encuentro de las que más lo necesitan

Las mujeres que forman parte del grupo Amigas de María se encuentran consagradas al Sagrado Corazón de Jesús por medio de la Inmaculada Virgen María. (Fotos cortesía de Martha Rodríguez)

El grupo, nacido dentro del Centro Apostólico del Sagrado Corazón en Detroit, busca reflejar el modelo de María llevando alegría y esperanza a mujeres alejadas o en dificultad

En medio de parroquias que se vieron obligadas a cerrar sus puertas y comunidades que se fueron dispersando, un grupo de mujeres decidió no quedarse quieto.

El ministerio Amigas de María nació dentro del Centro Apostólico del Sagrado Corazón, un apostolado que trabaja bajo la Arquidiócesis de Detroit y se sostiene con donativos y el servicio voluntario de sus miembros. Desde allí, hace tres años, comenzó a gestarse esta misión que hoy acompaña a mujeres que atraviesan soledad, enfermedad, miedo o alejamiento de la Iglesia.

“Somos mujeres que pertenecemos al grupo del Centro Apostólico Sagrado Corazón, pero la misión que traemos en este momento es como ministerio de Amigas de María” explicó Martha Rodríguez, coordinadora de Amigas de María desde el año pasado. “Somos mujeres consagradas al Sagrado Corazón de Jesús por medio del Inmaculado Corazón de María”.

Inicialmente se reunían en parroquias, pero actualmente no cuentan con un lugar fijo donde llevar adelante su tarea de evangelización.

Un espacio para sanar

El grupo comenzó con alrededor de diez mujeres. Durante el primer año fue un espacio cerrado, dedicado a sanar heridas y compartir historias personales.

“Nos dimos cuenta de que éramos unas mujeres con muchas heridas”, dijo Martha en entrevista con Detroit Catholic en español. “Tuvimos un año de expresar lo que pasaba en nuestras vidas y nuestros sufrimientos y dolores. Los compartíamos allí cada vez que nos juntábamos”.

“Tratamos de reflejar lo que María reflejó, de llevar alegría y esperanza… y que no estamos solas y que Dios camina con nosotros en medio de nuestras dificultades”, explicó Martha a Detroit Catholic en español.
“Tratamos de reflejar lo que María reflejó, de llevar alegría y esperanza… y que no estamos solas y que Dios camina con nosotros en medio de nuestras dificultades”, explicó Martha a Detroit Catholic en español.

La coordinación rota cada año para que la responsabilidad no recaiga siempre en la misma persona. Cuando Martha asumió, sintió que era momento de dar un paso más allá del círculo interno.

“Yo recibí la inspiración de que ya no teníamos que estar encerradas en nosotras mismas porque había mucha necesidad afuera y que la Virgen María, cuando recibió la visita del ángel, no se quedó encerrada. Ella salió en busca del necesitado, visitando a su prima Isabel para ayudarla. Y nosotras teníamos que seguir ese modelo de María”.

Salir con alegría y esperanza

Desde entonces, comenzaron a visitar mujeres que se habían alejado, especialmente después de la pandemia.

“Empezamos a visitar a esas personas que estaban alejadas para saber qué pasaba en sus vidas. Y allí nos dimos cuenta de que había mucha necesidad, soledad y tristeza”, explicó Martha.

Lo que encontraron confirmó la urgencia de la misión: una mujer que acababa de dar a luz y atravesaba un cumpleaños en soledad; otra que, tras un largo proceso de trasplante de riñón, sentía que ya no pertenecía al grupo; una esposa cuyo marido había sido detenido y que tenía miedo de salir; otra más que hoy enfrenta la hospitalización grave de su esposo. En cada caso, el gesto fue el mismo: acercarse, escuchar, compartir alimento y orar. Varias comenzaron a participar nuevamente; algunas regresaron a misa.

“Tratamos de reflejar lo que María reflejó, de llevar alegría y esperanza… y que no estamos solas y que Dios camina con nosotros en medio de nuestras dificultades”. Para Martha, el fruto es claro: “Dios está obrando”.

Esa experiencia concreta encuentra eco en el llamado reciente del Papa León XIV, quien ha recordado que una fe auténtica se manifiesta en el amor que se profesa a los demás y en la protección que se les brinda.

“Un corazón atento y compasivo puede sanar heridas y abrir nuevos horizontes”. Con esta intención, el Pontífice impulsa una Iglesia capaz de salir al encuentro y sostener a quienes atraviesan momentos de fragilidad, precisamente el camino que las Amigas de María buscan recorrer en cada visita.

Un ministerio que crece en medio de desafíos

Hoy el grupo se reúne los miércoles a las siete de la tarde en diferentes casas. Al no contar con un lugar fijo ni con acompañamiento sacerdotal permanente, es difícil darle mayor difusión.

Martha reconoce que el ministerio está dando sus primeros pasos, pero aun así el grupo sigue creciendo a partir de las mujeres que visitan.

En medio de la inestabilidad y la falta de un espacio propio, las Amigas de María continúan caminando. Porque si algo han aprendido es que el primer paso para sanar las propias heridas fue abrir la puerta y salir al encuentro de otras. Y en cada visita, en cada oración compartida, repiten con convicción: “Dios está obrando”.



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