(OSV News) -- Tres cardenales estadounidenses han emitido una declaración conjunta en la que instan al establecimiento de una "política exterior genuinamente moral para nuestra nación", ya que Estados Unidos se enfrenta al "debate más profundo e intenso sobre el fundamento moral de las acciones estadounidenses en el mundo desde el fin de la Guerra Fría".
El cardenal Blase J. Cupich, de Chicago; el cardenal Robert W. McElroy, de Washington; y el cardenal Joseph W. Tobin, de Newark, Nueva Jersey, publicaron la declaración el 19 de enero, centrándose en el "compás ético duradero" para la política exterior que el Papa León XIV proporcionó en su discurso del 9 de enero a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
En su declaración, los cardenales señalaron "los acontecimientos en Venezuela, Ucrania y Groenlandia" que "han planteado preguntas básicas sobre el uso de la fuerza militar y el significado de la paz".
Recientemente, Estados Unidos llevó a cabo una intervención militar en Venezuela durante la cual el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados y trasladados a Estados Unidos para enfrentar cargos federales por narcotráfico y posesión ilícita de armas. El presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos "gobernaría" Venezuela, aunque desde entonces la administración ha estado colaborando con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez.
En las últimas semanas, Trump también ha prometido adquirir Groenlandia, una región semiautónoma del Reino de Dinamarca, ya sea mediante la compra o la fuerza militar, y ha amenazado con imponer aranceles a varios países europeos, incluida la propia Dinamarca, que se han opuesto al plan.
La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, iniciada en febrero de 2022, continúa los ataques iniciados en 2014 y ha sido clasificada como genocidio en dos informes conjuntos del New Lines Institute y el Centro Raoul Wallenberg para los Derechos Humanos.
"Los derechos soberanos de las naciones a la autodeterminación parecen demasiado frágiles en un mundo de conflictos cada vez mayores", afirmaron los cardenales en su declaración. "El equilibro entre el interés nacional y el bien común se está planteando en términos profundamente polarizados".
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, declaró a BBC Radio 4 el 18 de enero que la actual política exterior de Estados Unidos mostraba "una clara convicción de que las soluciones multilaterales no son relevantes y que lo que importa es el ejercicio del poder y la influencia de Estados Unidos y, a veces, en este sentido, por las normas del derecho internacional".
Los tres cardenales subrayaron que "el papel moral de nuestro país de enfrentar al mal alrededor del mundo, preservar el derecho a la vida y la dignidad humana, y apoyar la libertad religiosa se ha vuelto objeto de examen".
Y añadieron: "La construcción de una paz justa y sostenible, tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, está siendo reducida a categorías partidistas que alientan la polarización y políticas destructivas".
En medio del desmoronamiento del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial --en virtud del cual la Carta de las Naciones Unidas reconoce la soberanía igualitaria de las naciones, al tiempo que prohíbe "la amenaza o al uso de la fuerza e insta a todos los Miembros a que respeten la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de cualquier Estado"--, los cardenales pidieron un reajuste de acuerdo con la "base verdaderamente moral para las relaciones internacionales" que el Papa León proporcionó a principios de enero.
Chieko Noguchi, portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), declaró a OSV News que la conferencia episcopal "fue consultada sobre la declaración".
Añadió que el presidente de la USCCB, el arzobispo Paul S. Coakley, de Oklahoma City, "apoya el énfasis que los cardenales ponen en las enseñanzas del Papa León en estos tiempos".
Los cardenales citaron el discurso del Papa León del 9 de enero ante los diplomáticos, en el que advertía que "la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados".
"La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende", dijo el Papa León en su discurso, añadiendo que el principio de posguerra que prohíbe a las naciones violar las fronteras de las demás por la fuerza "se ha roto".
Los cardenales también señalaron que el Papa León reiteró la enseñanza católica de que "la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de cualquier otro derecho humano" y que el aborto y la eutanasia destruyen ese derecho.
Asimismo, subrayaron el énfasis del Papa en "la necesidad de ayuda internacional para salvaguardar los elementos más esenciales de la dignidad humana, que están siendo atacados debido al movimiento de las naciones ricas para reducir o eliminar sus contribuciones a los programas de asistencia humanitaria extranjera", y la preocupación que expresó por "las crecientes violaciones a la libertad de conciencia y religiosa en nombre de una pureza ideológica o religiosa que aplasta la libertad misma".
"Como pastores y ciudadanos, acogemos esta visión para el establecimiento de una política exterior genuinamente moral para nuestra nación", afirmaron los cardenales. "Buscamos construir una paz verdaderamente justa y perdurable, esa paz que Jesús proclamó en el Evangelio".
Al hacerlo, dijeron: "Renunciamos a la guerra como instrumento para intereses nacionales mezquinos y proclamamos que la acción militar debe ser vista solamente como un último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento normal de la política nacional. Buscamos una política exterior que respete y promueva el derecho a la vida humana, la libertad religiosa y el mejoramiento de la dignidad humana en todo el mundo, especialmente a través de la asistencia económica".
Lamentaron que "el debate en nuestra nación sobre el fundamento moral para la política estadounidense está plagado de polarización, partidismo e intereses económicos y sociales mezquinos".
Sin embargo, "El Papa León nos ha dado el prisma a través del cual elevarlo a un nivel mucho más alto", afirmaron. "Predicaremos, enseñaremos y abogaremos en los próximos meses para que ese nivel más alto sea posible".
En un comunicado de prensa que acompañaba a su declaración, los tres cardenales compartieron comentarios adicionales sobre su posición.
"Como pastores a quienes se nos ha confiado la enseñanza de nuestro pueblo, no podemos permanecer indiferentes mientras se toman decisiones que condenan a millones a vidas atrapadas permanentemente al borde de la existencia", afirmó el cardenal Cupich.
El cardenal McElroy afirmó que la doctrina social católica --que se basa en documentos papales, conciliares y eclesiásticos para articular los medios para construir una sociedad justa y vivir la santidad en la vida moderna-- "atestigua que cuando el interés nacional concebido con estrechez excluye el imperativo moral de la solidaridad entre las naciones y la dignidad de la persona humana, provoca un inmenso sufrimiento en el mundo y un ataque catastrófico contra la paz justa que beneficia a cada nación y que es la voluntad de Dios".
El cardenal Tobin afirmó que "la necesidad de destacar la visión del Papa León para las relaciones justas y pacíficas entre las naciones" era más importante que nunca en medio de los recientes acontecimientos, incluido el consistorio extraordinario convocado por el Santo Padre.
"De lo contrario", dijo el cardenal Tobin, "la escalada de amenazas y conflictos armados corren el riesgo de destruir las relaciones internacionales y sumir al mundo en un sufrimiento incalculable".
La declaración de los cardenales se produjo un día después de que el arzobispo Timothy P. Broglio, de la Arquidiócesis de los Servicios Militares de Estados Unidos, dijera en una entrevista con la BBC que los soldados estadounidenses que son católicos podrían, en conciencia, desobedecer las órdenes de participar en una invasión de Groenlandia.


