Después de encontrarse con Jesús, una persona descubre que es “insípido y opaco” todo lo que se aleja de sus Bienaventuranzas, porque Cristo es sal y luz para la existencia, es el “sabor nuevo”, la fuente de la alegría verdadera para la vida.
Este ha sido el eje conductor, este domingo, de la reflexión del Papa León XIV, antes del Ángelus, la oración mariana que el Santo Padre reza habitualmente los domingos con miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.
“Después de haber proclamado las Bienaventuranzas, Jesús se dirige a quienes las viven diciendo que, gracias a ellos, la tierra ya no es la misma y el mundo ya no está oscuro. ‘Ustedes son la sal de la tierra. […] Ustedes son la luz del mundo’ (Mt 5,13-14)”, dijo el Papa León.
“La alegría verdadera es la que da sabor a la vida y hace surgir lo que antes no existía. Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras”, subrayó León XIV.
En ese sentido, continuó, después de haber encontrado a Cristo, “parece insípido y opaco lo que se aleja de su pobreza de espíritu, de su mansedumbre y sencillez de corazón, de su hambre y sed de justicia, que impulsan a la misericordia y a la paz como dinámicas de transformación y reconciliación”.
El Santo Padre advirtió que “es doloroso, en efecto, perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es posible tener esta herida en el corazón. Pareciera que Jesús pone en guardia a quien lo escucha para que no renuncie a la alegría”.
El Papa León se refirió también a quienes se perciben descartados o fracasados, “como si su luz se hubiera escondido. Pero Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad”.
“Cada herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y haciéndonos regresar al camino del Evangelio. Los gestos de apertura y de atención a los demás son los que reavivan la alegría”, destacó el Pontífice.
Para poder ser capaces de estos gestos que hacen resurgir la alegría, dijo el Papa, es necesario acudir “cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no hace ruido”.
“Hermanos y hermanas —concluyó el Papa León XIV— dejémonos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús. Sin exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos, en definitiva, desean vivir y encontrar la paz”.
- Esta nota fue publicada originalmente en ACIPRENSA.


