Los diáconos Bemiss, Lennon y Riley fueron ordenados para la Arquidiócesis de Detroit, y el hermano Rice para la comunidad SOLT
DETROIT — Cuatro hombres dieron un paso más en su formación hacia el sacerdocio al ser ordenados diáconos por el arzobispo emérito de Detroit, Allen H. Vigneron, el 11 de abril en la capilla de Sacred Heart Major Seminary.
Charles Bemiss, Joseph Lennon y Anthony Riley fueron ordenados diáconos transitorios para la Arquidiócesis de Detroit, mientras que el hermano Gregory Rice fue ordenado para la Society of Our Lady of the Most Holy Trinity.
Los cuatro nuevos clérigos vivirán su último año de formación sirviendo como diáconos en parroquias de la Arquidiócesis de Detroit, al mismo tiempo que completan su último año de estudios, antes de sus ordenaciones sacerdotales en mayo de 2027.
El arzobispo Vigneron explicó a los cuatro hombres que el rito de ordenación, celebrado durante la liturgia, es una acción de Dios dentro de su plan de salvación para toda la humanidad, liberándola del pecado y de la muerte.
“Estamos a punto de presenciar la acción salvadora de Dios, que continúa su obra de salvación en medio de nosotros”, dijo el arzobispo Vigneron. “Es Dios quien consagra a estos cuatro hermanos nuestros como diáconos. Esta obra salvadora, realizada por el Padre por medio de Cristo en el poder del Espíritu Santo, se nos manifiesta de manera especial en la liturgia, particularmente a través de la Liturgia de la Palabra, donde Dios mismo nos explica lo que está a punto de hacer”.
El arzobispo Vigneron comparó a los hombres que se presentaron para la ordenación con el profeta Jeremías, respondiendo al llamado del Señor para ser enviados como mensajeros de su palabra.
“En el profeta Jeremías se nos hace evidente que, cuando los hombres se presentan para ser ordenados por Cristo, están respondiendo a una iniciativa previa del Señor”, dijo el arzobispo Vigneron. “Él los ha llamado, y ellos responden. Como Jeremías, hermanos, ustedes han escuchado al Señor.
“Jesús les ha dicho, como lo dijo a los Apóstoles: ‘No son ustedes los que me han elegido; soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto’”, añadió el arzobispo Vigneron. “La Escritura da testimonio de que el llamado del Señor a la misión alcanza al hombre en lo más profundo de su ser. Así como el Señor dijo al profeta, también les dice a ustedes, hermanos: ‘Antes de formarte en el vientre materno, ya te conocía; antes de que nacieras, te consagré profeta para las naciones’”.
La naturaleza de la misión a la que fueron llamados los cuatro diáconos se hizo aún más clara en la segunda lectura de la liturgia, cuando Pedro desciende del Cenáculo para proclamar con valentía el Evangelio de Jesucristo.
“Su misión no es otra que la que escuchamos en la predicación de Pedro en los Hechos de los Apóstoles”, dijo el arzobispo Vigneron. “Dicho de manera sencilla, esta misión consiste en anunciar el kerigma, la buena noticia de que Jesús es el Ungido de Dios, su Mesías, el Prometido; aquel cuya muerte y resurrección han vencido al pecado y a la muerte, nos libran del juicio y nos han alcanzado la vida eterna. Esta es su misión a través de la ordenación de hoy”.
Después de la homilía, cada uno de los cuatro hombres hizo su promesa de los elegidos, en la que se comprometieron a respetar y obedecer a su respectivo ordinario y a sus sucesores. Luego, se postraron ante el altar mientras la asamblea cantaba la Letanía de las Súplicas, rezando por los elegidos.
A continuación, uno por uno, los seminaristas se arrodillaron ante el arzobispo Vigneron, quien impuso las manos sobre cada uno de ellos en el momento más solemne del rito, pronunciando la oración de ordenación y ordenándolos como diáconos en la Iglesia católica.
Tras la ordenación, los nuevos diáconos fueron revestidos con la estola y la dalmática, signos propios de su ministerio, por otros diáconos de la Arquidiócesis de Detroit.
Luego recibieron el Libro de los Evangelios, mientras el arzobispo Vigneron los animaba con estas palabras: “Crean lo que leen, enseñen lo que creen y vivan lo que enseñan”.
A continuación, el arzobispo y los diáconos presentes les dieron la bienvenida con el signo de la paz.
La Misa continuó con el recién ordenado diácono Riley sirviendo como diácono de la Palabra, y el diácono Bemiss como diácono del altar, preparando por primera vez el altar para el Santo Sacrificio de la Eucaristía.
“Al comienzo fue algo a lo que ya estaba un poco acostumbrado, preparar el corporal y dejar todo listo”, contó el diácono Bemiss a Detroit Catholic. “Pero después, retirar la palia, que es la tapa del cáliz, y elevarlo junto al arzobispo Vigneron, a quien conozco desde hace tanto tiempo y que ha sido una gran inspiración en mi vida, fue una experiencia muy fuerte; es realmente un honor servir al Señor de esa manera”.
Para los tres seminaristas que se forman para la Arquidiócesis de Detroit, fue especialmente significativo celebrar la Misa junto al arzobispo Vigneron, quien los había aceptado como seminaristas para la arquidiócesis.
“No podría haber sido de otra manera”, dijo el diácono Bemiss. “Fue muy especial tenerlo aquí; para nosotros fue como cerrar un ciclo. Hace apenas tres años, el arzobispo Vigneron celebró nuestra Misa de Candidatura, cuando pasábamos de los estudios de grado a la teología, y fuimos reconocidos como candidatos al orden sagrado. Que él nos haya reconocido en ese momento y que ahora celebre la Misa en la que somos ordenados diáconos para la Iglesia lo hace aún más significativo”.
Después de la Comunión, el diácono Lennon dirigió unas palabras de agradecimiento en nombre de su clase, dando gracias a Dios, a sus familias, al arzobispo Vigneron y al personal formador del Sacred Heart Major Seminary por sus vocaciones y por el acompañamiento recibido a lo largo del camino.
“Somos diáconos, ¡alabado sea Jesucristo!”, dijo el diácono Lennon, provocando un aplauso de la asamblea. “Estamos muy agradecidos ala Virgen María por cubrirnos con su manto, por ayudarnos a mantener la mirada fija en Jesús y a reconocerlo en cada circunstancia de nuestra vida, cuidando nuestras vocaciones.
“También queremos agradecer al Sacred Heart Major Seminary, especialmente a los sacerdotes. Muchas gracias por su fraternidad y su paternidad, y por su paciencia con nosotros”, agregó el diácono Lennon. “La formación lleva tiempo. Gracias por darnos ese tiempo para formarnos en el Sagrado Corazón de Jesús. Gracias, padres. Gracias también a nuestros hermanos seminaristas y religiosos. Hermano Greg, gracias por tu amistad y fraternidad; estamos muy agradecidos de compartir este camino con vos.
“Y por último, queremos agradecer a nuestras familias. La vocación nace en casa, así que gracias por ser ese testimonio para nosotros”, continuó el diácono Lennon. “Sigan rezando por nosotros, sigan acompañándonos y, si Dios quiere, nos veremos el próximo año como sacerdotes”.


