Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Les escribo hoy, agradecido por todas las bendiciones que Dios le ha concedido a la arquidiócesis de Detroit durante nuestro camino misionero. Hace seis años, le pedimos a Dios que nos enviara a su Espíritu Santo en un Nuevo Pentecostés para que nos llenara de una inquebrantable convicción interior en la verdad del Evangelio y en el amor que nos impulsa a compartir la Buena Nueva con todos los que nos rodean. Dos años más tarde, por medio del Sínodo 16, recibimos claridad de que lo que Dios desea de nosotros es que retomemos la identidad misionera de la Iglesia y que nos pongamos en marcha con la promesa de confiar en Él y seguirlo.

Comenzamos de manera formal el trabajo propio de una generación, el de hacer llegar el Evangelio al sureste de Michigan y más allá de esta región. El año pasado anunciamos la siguiente fase de este movimiento misionero, un plan para transformar nuestras parroquias y escuelas y convertirlas en lugares en donde las personas y las familias encuentren a Jesús de nuevo, crezcan como sus discípulos y obtengan lo necesario para ser testigos de Cristo Resucitado.

Esta continúa siendo nuestra misión hoy en día, incluso en medio de esta pandemia histórica. La crisis de salud y económica actual han afectado nuestras vidas y la vida de la Iglesia. Esta nueva realidad ha exacerbado algunos de los retos que ya enfrentábamos. Aún antes de la pandemia, estábamos conscientes de que la manera en que funcionamos en las parroquias requería un cambio. Además de la falta de sacerdotes disponibles para servir en nuestras parroquias y la falta de vocaciones para las ordenaciones futuras, las estructuras parroquiales que hemos heredado sirvieron bien a la misión en el pasado, pero necesitan renovarse y alinearlas a la misión actual.

Así, en oración y en consulta con otros, he discernido que ahora es el momento de responder en la fe a los retos que enfrentamos y de tomar los pasos necesarios para proveer de lo que requieren nuestras comunidades parroquiales para llevar a cabo la misión. En los siguientes dos años, las parroquias de la arquidiócesis de Detroit se unirán para formar nuevas agrupaciones llamadas “familias de parroquias”. Estas agrupaciones —estas familias— de tres a seis parroquias trabajarán juntas y compartirán recursos humanos y materiales para avanzar más en la misión que compartimos. Este modelo nuevo permitirá a los grupos de sacerdotes, diáconos y personal laico compartir de manera más eficaz sus talentos con toda la familia parroquial.

No somos la misma diócesis que éramos hace seis años cuando comenzamos este camino. Dios ha esta obrando en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias y en nuestras escuelas. Hemos aprendido a ser más dóciles al Espíritu Santo. Hemos aprendido a caminar con audacia apostólica y con confianza en Dios. Estamos comprometidos a trabajar en un espíritu de innovación y colaboración. Y más importante aún, hemos decidido poner a Cristo y a su misión por encima de todo.

Durante los próximos meses, varios grupos de sacerdotes y fieles laicos me ayudarán a discernir el liderazgo y estructura administrativa de las familias de parroquias y las formas en que esta nueva estructura apoyará a que todas nuestras parroquias se conviertan en lugares vibrantes de actividad misionera. Mi esperanza es que en Adviento anuncie los grupos de parroquias que formarán cada familia. Se espera que el primer grupo comience a funcionar como familia en julio de 2021.

Los invito a visitar la página web www.familiesofparishes.org para saber más sobre este proceso y para suscribirse a las noticias. Por favor, únanse a mí en oración por este primer paso importante en la vida y misión de nuestra Iglesia local. Demos gracias a Dios de antemano por el gran trabajo que está haciendo entre nosotros. Dios está con nosotros. Él nos ha dado a su Espíritu Santo como el iniciador, guía y fuerza que nos impulsa a llevar a cabo nuestra misión.

Beato Solanus Casey, sacerdote de Detroit, ora por nosotros. Nuestra Señora de Lourdes, protectora de los enfermos, ora por nosotros. Y querida Santa Ana, patrona de nuestra arquidiócesis, ora por nosotros.