El arzobispo Weisenburger reflexionó sobre su primer año en Detroit: ‘Creo que nuestro futuro es prometedor’ (VIDEO)

El arzobispo de Detroit compartió sus alegrías, desafíos y anhelos para una Iglesia viva y misionera

DETROIT — Para el arzobispo Edward J. Weisenburger, este último año ha sido verdaderamente intenso.

Todo comenzó con una llamada del nuncio apostólico en febrero de 2025. En cuestión de segundos, y con un confiado “sí”, su vida dio un giro total: dejó Tucson y recorrió más de 3.000 kilómetros hasta Detroit, donde el 18 de marzo de 2025 asumió como nuevo arzobispo de la “Motor City”.

Y desde entonces, el ritmo no ha bajado.

“Ha sido un año con muchísimas alegrías”, expresó el arzobispo Weisenburger en una entrevista con Detroit Catholic, con motivo de su primer aniversario como líder espiritual de la arquidiócesis. “No creo que haya otro año en mi vida que se compare con 2025”.

Más allá de los cambios evidentes —adaptarse a una nueva ciudad, a otro clima y a un nuevo hogar—, su primer año en Detroit ha sido verdaderamente vertiginoso: una agenda llena de eventos, celebraciones litúrgicas e iniciativas pastorales, además del encuentro constante con nuevas comunidades y personas, incluido un nuevo Papa.

“En Detroit siempre está pasando algo”, comentó entre risas. “Vivir el ciclo litúrgico, involucrarme cada vez más en la vida de las parroquias, en las escuelas, en las obras de caridad… todo eso me mantiene muy ocupado”.

Las celebraciones de inicio de su ministerio en la Cathedral of the Most Blessed Sacrament, en marzo de 2025, marcaron el comienzo de lo que él mismo describe como una “bienvenida increíblemente cálida” por parte de los fieles de Detroit, a quienes ha ido conociendo mucho más de cerca a lo largo de este último año.

El arzobispo Edward J. Weisenburger llega a la misa de inicio de su ministerio como arzobispo de Detroit el 18 de marzo de 2025, en la Cathedral of the Most Blessed Sacrament, en Detroit. En el año transcurrido desde entonces, el arzobispo Weisenburger afirmó que ha aprendido mucho sobre los fieles de Detroit y que se ha sentido alentado por las numerosas comunidades, personas y parroquias llenas de fe que ha encontrado. (Valaurian Waller | Detroit Catholic)
El arzobispo Edward J. Weisenburger llega a la misa de inicio de su ministerio como arzobispo de Detroit el 18 de marzo de 2025, en la Cathedral of the Most Blessed Sacrament, en Detroit. En el año transcurrido desde entonces, el arzobispo Weisenburger afirmó que ha aprendido mucho sobre los fieles de Detroit y que se ha sentido alentado por las numerosas comunidades, personas y parroquias llenas de fe que ha encontrado. (Valaurian Waller | Detroit Catholic)

El arzobispo Weisenburger aseguró que ha disfrutado mucho conocer el sudeste de Michigan y a su gente, así como las numerosas instituciones culturales, lugares emblemáticos y experiencias que le dan al estado su identidad particular.

“Los de Detroit somos fuertes; no nos rendimos fácilmente, y eso me gusta”, dijo al referirse a lo que ha descubierto sobre sus habitantes. “Sabemos levantarnos de las cenizas. Cuando uno piensa por todo lo que ha pasado esta ciudad, especialmente en los últimos 60 años, es realmente impresionante ver dónde estamos hoy”.

Durante su primer año, el arzobispo visitó Mackinac Island, donde cada año se realiza una convención de los Caballeros de Colón, además de varios museos e instituciones culturales de Detroit, como el Detroit Institute of Arts y el Charles H. Wright Museum of African-American History, a los que describió como “joyas ocultas”.

“Me dijeron que el Detroit Institute of Arts es uno de los diez mejores museos del país. En un momento sentí que estaba recorriendo los Museos Vaticanos, porque no esperaba encontrar tanto arte religioso”, comentó. “Fue magnífico, me sorprendió muchísimo”.

También destacó la arquitectura católica de la ciudad, que describió como impactante: desde el estilo art déco del National Shrine of the Little Flower Basilica hasta la imponente arquitectura gótica de la Basilica of Ste. Anne, St. Joseph Shrine y otros templos.

“Quienes viven aquí, en la ciudad o en Michigan, tal vez piensan que esto es así en todas partes, pero lo es”, señaló. “Entrar por primera vez a tantas de nuestras iglesias ha sido algo muy conmovedor. Ojalá más personas pudieran experimentarlas como yo la primera vez y dejarse tocar por su belleza”.

Además de su llegada a Detroit, el arzobispo mencionó como uno de los momentos más significativos la oportunidad de viajar a Roma en junio para recibir el palio de manos del papa León XIV, elegido apenas dos meses después de su llegada a Michigan.

“Viajar a Roma con mi familia, amigos y un grupo de sacerdotes de Detroit, recibir el palio del Santo Padre, conocerlo por primera vez y poder conversar con él, aunque fuera unos minutos, fue una experiencia verdaderamente inolvidable”, afirmó.

El arzobispo Weisenburger recibe el palio, símbolo del ministerio pastoral de un arzobispo metropolitano, de manos del papa León XIV en la Basílica de San Pedro, en Roma, durante la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el 29 de junio de 2025. (Lola Gomez | CNS photo)
El arzobispo Weisenburger recibe el palio, símbolo del ministerio pastoral de un arzobispo metropolitano, de manos del papa León XIV en la Basílica de San Pedro, en Roma, durante la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el 29 de junio de 2025. (Lola Gomez | CNS photo)
El arzobispo Weisenburger (izq.) conversa con el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, durante una charla informal en St. John’s Resort, en Plymouth, en el marco de la histórica visita pastoral del patriarca a Detroit en diciembre de 2025, destinada a recaudar apoyo para las comunidades afectadas por la guerra en Tierra Santa. (Tim Fuller | Special to Detroit Catholic)
El arzobispo Weisenburger (izq.) conversa con el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, durante una charla informal en St. John’s Resort, en Plymouth, en el marco de la histórica visita pastoral del patriarca a Detroit en diciembre de 2025, destinada a recaudar apoyo para las comunidades afectadas por la guerra en Tierra Santa. (Tim Fuller | Special to Detroit Catholic)

La visita pastoral de diciembre del cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, en medio de la crisis humanitaria posterior a la guerra en Gaza, fue otro de los momentos más significativos del año, señaló el arzobispo.

La visita del cardenal a Detroit, organizada gracias a la colaboración entre la arquidiócesis y la Eparquía caldea de Santo Tomás Apóstol, coronó un año en el que los católicos locales reunieron más de 1,1 millones de dólares para apoyar a las comunidades que sufren en Tierra Santa.

“No sé si logramos dimensionar lo importante que fue la visita del patriarca de Jerusalén: que él sepa que hay personas en Estados Unidos que lo acompañan, que están con su pueblo y con la gente de Gaza, que los acompañamos con nuestra ayuda y nuestra cercanía”, expresó el arzobispo Weisenburger. “Fue una experiencia increíble”.

El arzobispo reconoció que el primer año en Detroit tuvo desafíos. El proceso de reestructuración de la arquidiócesis, que se extiende por dos años, es un recordatorio constante del trabajo difícil que hay por delante.

“La vida implica desafíos, pero son esos mismos desafíos los que nos van moldeando en los santos que Dios quiere que seamos”, afirmó. “Tengo mucha esperanza en este proceso de reestructuración, pero no deja de ser un desafío, porque será difícil”.

El arzobispo Weisenburger aseguró que comprende profundamente lo doloroso que puede ser el proceso de reorganizar la arquidiócesis y los sacrificios que implica.

Al recordar su experiencia como obispo de Salina, en Kansas, evocó una pequeña parroquia en Catharine, el lugar donde nació su madre y al que su familia asistía cuando él era joven. En ese entonces, el pueblo tenía unos 500 habitantes, pero con el tiempo la población se redujo a menos de 100.

“Es un lugar muy sagrado para mí. Siempre visitamos la parroquia cada uno o dos años durante mi infancia y juventud”, comentó. “A dos cuadras están enterrados mis abuelos, mis tíos. Es una parte central de mi historia de fe. Y recuerdo haber pensado una vez, siendo obispo allí: ‘¿Qué pasaría si tuviera que cerrarla?’”.

“Para nosotros, los católicos, por nuestra fe, nuestra liturgia, nuestra manera de vivir, una iglesia no es solo un edificio. Se celebran bodas, funerales y bautismos. Son recuerdos que quedan impregnados en sus paredes”.

El arzobispo Weisenburger bautiza a un catecúmeno durante la Vigilia Pascual en la Cathedral of the Most Blessed Sacrament el 20 de abril de 2025. (Valaurian Waller | Detroit Catholic)
El arzobispo Weisenburger bautiza a un catecúmeno durante la Vigilia Pascual en la Cathedral of the Most Blessed Sacrament el 20 de abril de 2025. (Valaurian Waller | Detroit Catholic)

Si bien el proceso de reestructuración de la arquidiócesis puede resultar difícil y exigente, “también es una oportunidad”, continuó el arzobispo.

Poco después de llegar a Detroit, el arzobispo Weisenburger recordó una conversación con un seminarista del Sacred Heart Major Seminary, quien lo detuvo en un pasillo para darle unas palabras de aliento.

“Me dijo: ‘Arzobispo, muchas gracias por llevar adelante esta reestructuración. Mis compañeros y yo nos preguntábamos cómo sería pasar los próximos 50 años de nuestras vidas cerrando iglesias poco a poco y sentir que fracasamos’”, contó. “Me impactó mucho su comentario. No lo dijo con esa intención, pero me dejó pensando. Cuando yo estaba en el seminario, soñaba con todas las cosas buenas que podría hacer por el pueblo de Dios”.

El objetivo de la reestructuración es, en definitiva, formar una Iglesia verdaderamente viva, no solo para los futuros sacerdotes, sino para todos, explicó.

“Nuestra misión no es cuidar museos sino salvar almas”, afirmó. “Tenemos que animarnos, con fe, a dar pasos hacia adelante para volver a ser un pueblo evangelizador”.

En medio de los desafíos, también aparecen signos de esperanza, añadió. Esta Pascua, cerca de 1.500 personas serán recibidas en la Iglesia en la Arquidiócesis de Detroit, la cifra más alta en más de dos décadas.

“Los jóvenes de hoy, incluidos los adultos jóvenes, se plantean preguntas existenciales”, señaló. “Al ver lo superficiales que son muchas relaciones hoy, dicen: ‘Tenemos que hacer algo distinto; así no va’. Están buscando, y me alegra poder decir que nosotros tenemos la respuesta”.

Desde que asumió como líder espiritual de Detroit, el arzobispo Weisenburger también ha mostrado una cercanía especial con los pobres y quienes sufren, apoyando iniciativas y proyectos humanitarios para ayudar a personas sin hogar y a familias de bajos recursos, y alentando a vivir con mayor compasión hacia quienes más lo necesitan.

El arzobispo Weisenburger recorre el nuevo Pope Francis Center Bridge Housing Facility, en Detroit, el 31 de julio de 2025, antes de celebrar la misa con la comunidad jesuita de la ciudad. (Daniel Meloy | Detroit Catholic)
El arzobispo Weisenburger recorre el nuevo Pope Francis Center Bridge Housing Facility, en Detroit, el 31 de julio de 2025, antes de celebrar la misa con la comunidad jesuita de la ciudad. (Daniel Meloy | Detroit Catholic)

Junto a otros obispos, el arzobispo Weisenburger también ha pedido un enfoque más compasivo en la aplicación de las leyes migratorias en Estados Unidos, invitando a las autoridades a respetar la dignidad de los migrantes sin dejar de reconocer la importancia de contar con fronteras seguras.

“Es algo que duele, porque me tomo el Evangelio muy en serio. Cuando Jesús dice: ‘Lo que hagan con el más pequeño, conmigo lo hacen’, no es una forma de hablar. Lo dice en serio”, expresó. “Creo que algún día tendremos que darle cuenta de cómo tratamos a los más humildes, a los más pobres entre nosotros”.

El arzobispo recordó que la historia de Estados Unidos está marcada por momentos en los que los inmigrantes fueron rechazados y no se sintieron bienvenidos, incluidos los irlandeses, los italianos e incluso los propios católicos.

“Eso también nos pasó a nosotros. A veces lo olvidamos, pero a los católicos se los desalentaba a venir a Estados Unidos. Realmente no nos querían aquí”, señaló.

Como exobispo en la frontera sur, explicó que su mirada se ha ido formando a partir del encuentro con migrantes, pero sobre todo desde el Evangelio, una enseñanza que —dijo— los últimos papas han reafirmado con claridad.

“No fue solo el papa Francisco. También san Juan Pablo II, Pablo VI y Benedicto XVI han hablado de esto”, afirmó. “El papa León continúa esa misma línea, poniendo el foco en los más pobres”.

“En Estados Unidos solemos ver la inmigración en términos de extremos: o fronteras abiertas para todos, o cerrarlas por completo”, añadió. “Pero no tiene por qué ser así. Podemos cuidar nuestras fronteras con sensatez y, al mismo tiempo, ser el país que siempre ha sabido acoger a quienes llegan cansados, con hambre y en situación de necesidad”.

La serie semanal de homilías del arzobispo Weisenburger, que graba y difunde a través de Detroit Catholic, ha superado las 300.000 visualizaciones desde su inicio el año pasado. Como líder espiritual, el arzobispo afirmó que le encanta profundizar en las Escrituras y ayudar a los fieles a aplicarlas en su vida diaria. (Captura de pantalla vía Detroit Catholic)
La serie semanal de homilías del arzobispo Weisenburger, que graba y difunde a través de Detroit Catholic, ha superado las 300.000 visualizaciones desde su inicio el año pasado. Como líder espiritual, el arzobispo afirmó que le encanta profundizar en las Escrituras y ayudar a los fieles a aplicarlas en su vida diaria. (Captura de pantalla vía Detroit Catholic)

Como líder de los 900.000 católicos del sudeste de Michigan, el arzobispo Weisenburger ha procurado mantenerse en contacto cercano con los fieles, tanto a través de visitas pastorales a parroquias y escuelas como a través de videos semanales en los que comparte sus homilías, que hasta ahora han superado las 300.000 visualizaciones.

El arzobispo reconoció que, aunque nunca se ha considerado un maestro —“me moriría de hambre si tuviera que estar en un aula”, bromeó—, una de las mayores alegrías de su sacerdocio es ayudar a los fieles a profundizar en la Palabra de Dios.

“Realmente disfruto abrir las Escrituras”, afirmó. “El Evangelio define quiénes somos, y cuanto más nos entregamos a él, más nos vamos moldeando en los santos que Dios quiere que seamos”.

Según explicó, la serie semanal de homilías es una oportunidad para profundizar en los misterios de la fe católica y para encontrarse con las personas de un modo auténtico y significativo.

Al comenzar su segundo año, el arzobispo expresó su deseo de tener más oportunidades de visitar parroquias y escuelas, colaborar con el seminario de Detroit y con las obras de caridad de la Iglesia, y seguir fortaleciendo vínculos.

En otras palabras, su mirada está puesta en sostener este impulso, tanto para la Iglesia de hoy como para las próximas generaciones.

“Diría que este primer año ha sido increíble”, concluyó. “No creo que vuelva a vivir un año como 2025. Espero con ilusión ver cómo el Espíritu Santo sigue obrando en nosotros, fortaleciéndonos y formándonos como pueblo de Dios. Y confío en que 2026 también traerá sus propias bendiciones”.

“Creo que nuestro futuro es prometedor”, afirmó.



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