Los jóvenes fueron alentados a proclamar a Cristo con valentía, incluso en una cultura centrada en la imagen
FARMINGTON HILLS — El Mercy High School de Farmington Hills fue el escenario donde cientos de adolescentes se reunieron el 1 de febrero para escuchar un mensaje sencillo pero contundente: no tengan miedo.
El lema de la conferencia RISE Detroit 2026, organizada por la Arquidiócesis de Detroit para estudiantes de secundaria de la región, fue “Unafraid” (Sin miedo), inspirado en el pasaje bíblico de Josué 1,9, cuando Moisés entrega el liderazgo del pueblo de Israel a Josué.
“Sé fuerte y valiente; no temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas”, proclama la Escritura.
A lo largo de la jornada, la conferencia animó a los jóvenes a anunciar su fe con valentía, incluso en un mundo cada vez más secularizado.
“El tema de este año es ‘Unafraid’, y para el comité organizador era fundamental que los jóvenes se fueran de RISE con la profunda convicción de que pueden vivir su fe con valentía y sin temor”, señaló Laura Piccone-Hanchon, directora asociada de formación para el discipulado del Departamento de Evangelización y Discipulado Misionero de la Arquidiócesis de Detroit.
“Queremos que los adolescentes sean capaces de mostrar coraje aun frente al posible miedo de vivir su fe abiertamente, porque sentir miedo es algo natural, es parte de la condición humana”, explicó Piccone-Hanchon a Detroit Catholic. “No tengo dudas de que poner nuestra fe en Dios es el mejor camino a seguir, para los jóvenes y para todos”.
El obispo John M. Quinn, obispo emérito de la diócesis de Winona-Rochester y ex obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Detroit (2003–2008), celebró la Misa junto a los estudiantes.
Durante su homilía, el obispo Quinn animó a los adolescentes a “subir por la escalera mecánica que baja” en la vida.
Al explicar esta imagen, recordó una anécdota de su sobrino Andrew, quien cuando tenía seis años le pedía ir al centro comercial para su cumpleaños con un solo propósito: correr por la escalera mecánica en sentido contrario.
Hasta el día de hoy, contó el obispo, sigue recordando ese momento con su sobrino, aunque ahora ya no se trata de una travesura infantil en un shopping, sino de una metáfora sobre cómo vivir la fe en un mundo que a veces parece hostil hacia la religión.
“Cada vez que terminamos una llamada telefónica, le pregunto: ‘Andrew, ¿todavía estás subiendo por la escalera que baja?’”, explicó. “Es decir, ahora que sos mayor, ahora que sabés más sobre la vida, ¿estás dispuesto a ir contracorriente? ¿Estás dispuesto a defender la verdad? ¿Estás dispuesto a asumir una causa que quizá no sea popular?”
El obispo Quinn señaló que su sobrino sigue intentando ir contra la corriente, aunque reconoció que resulta más fácil hacerlo cuando se cuenta con amigos que se apoyan mutuamente para vivir la fe.
Luego, el obispo reflexionó sobre la lectura del Evangelio, en la que Jesús entrega a sus discípulos las Bienaventuranzas como una forma de “dar vuelta el mundo para mirarlo desde los ojos de Dios”.
“Al Señor claramente no le interesan el poder ni la riqueza”, afirmó el obispo Quinn. “No quiere ver a las personas dominadas ni lastimadas. Sus Bienaventuranzas, en cambio, hablan de los bienaventurados: de aquellos que son capaces de ir contra la multitud, de subir por la escalera que baja, y de hacer de cada día un testimonio de cómo Dios ve este mundo”.
El mensaje de “ir contracorriente” fue especialmente importante para los adolescentes que participaron en RISE, señaló Xavier Ladasz, feligrés de la parroquia Sacred Heart, en Detroit, y estudiante de penúltimo año en Detroit Catholic Central High School, en Novi.
“Me gustó mucho cómo tanto la homilía como los oradores principales nos animaron a no tener miedo a las críticas que podamos recibir de nuestros compañeros por vivir nuestra fe”, afirmó Ladasz. “El orador principal que acabamos de escuchar habló de cómo Dios está con nosotros en los momentos buenos y en los difíciles, y de que nos acompañará siempre. Por eso no tenemos que tener miedo de no ser aceptados por la sociedad por profesar nuestra fe”.
La oradora principal de la conferencia fue Chika Anyanwu, evangelizadora católica originaria de Nigeria y radicada actualmente en California. Anyanwu animó a los presentes a buscar aquello que Dios ha pensado para cada uno.
“En las primeras palabras del Evangelio de san Juan, algunos discípulos de Juan el Bautista se acercan a Jesús, y Él les pregunta: ‘¿Qué buscan?’”, explicó Anyanwu. “Esa pregunta no es solo para ellos, sino también para vos y para mí, porque todos estamos buscando algo, deseando algo”.
Para responder a esa búsqueda, Anyanwu recurrió al Catecismo de la Iglesia Católica, que señala que lo que el ser humano anhela es conocer y amar a Dios, Creador de toda la vida.
“Solo en Dios encontramos aquello que estamos buscando”, afirmó. “Hay un anhelo, un deseo profundo en nuestro corazón. En el fondo, todos deseamos pertenecer y vincularnos. Anhelamos ser vistos, conocidos y amados. Y todo eso viene de Dios, porque fuimos creados para ser conocidos y amados por Dios. Porque Dios es amor”.
Anyanwu invitó a los adolescentes a mirar la vida de santos como san Carlo Acutis, el beato Solanus Casey y el venerable Jan Tyranowski —mentor espiritual y catequista de san Juan Pablo II—, quienes supieron acoger las circunstancias y los talentos únicos que Dios les concedió para vivir plenamente su identidad como hijos de Dios.
“Dios, en su bondad y en su infinita creatividad, nos creó a todos distintos”, afirmó Anyanwu. “Nos dio la misma dignidad. También nos dio una misión y un propósito, y ese propósito no es quedarnos sentados con el celular en la mano mirando cómo otros viven su vida mientras deslizamos la pantalla.
“No fueron creados para mirar a otros; fueron creados para salir y vivir. ¿Amén?”, añadió. “Se les ha regalado esta única y hermosa vida para vivirla. Quiero que se vayan de aquí y vivan esa vida: una vida que solo ustedes pueden vivir”.
Además de la conferencia principal, el encuentro incluyó momentos de confesión, proyectos de servicio, juegos y espacios de grupos pequeños, en los que los participantes compartieron los desafíos y las alegrías de vivir su fe como jóvenes discípulos.
“He tenido una experiencia realmente muy buena en RISE”, contó Madison Walker, feligresa de la Corpus Christi Parish, en Detroit, y estudiante de primer año en Groves High School, en Beverly Hills. “Vine el año pasado y, sinceramente, mi fe cambió. Toda mi vida cambió, así que quise volver”.
Walker explicó que contar con espacios de alabanza y adoración, Misa, confesión y adoración eucarística junto a otros jóvenes reafirmó su fe en un momento clave, mientras hacía la transición a una escuela secundaria pública, donde hablar de fe no siempre es bien recibido.
“Encuentros como este te ayudan a darte cuenta de que no estás solo”, afirmó. “Al asistir a una escuela pública, es realmente poco frecuente ver a muchas personas con una fe sólida, por lo que eventos como este te muestran que no estás solo y que sos parte de la Iglesia universal”.
“Muchos jóvenes pueden sentirse intimidados a la hora de vivir su fe o hablar de Dios en público, especialmente personas de mi edad, que solemos preocuparnos por lo que piensan los demás”, agregó Walker. “Pero estar acá, rodeados de un ambiente tan alentador, marca una gran diferencia”.


