La sexta conferencia juvenil de Strangers No Longer anima a los jóvenes a aprender de la experiencia de los inmigrantes y a convertirse en voces de esperanza
DETROIT — Estudiantes de escuelas secundarias católicas de todo el sudeste de Michigan se reunieron el 17 de abril en el Johnson Recreation Center de la University of Detroit Jesuit High School para conocer más de cerca la realidad de los inmigrantes en sus comunidades y reflexionar sobre cómo ser testigos de la dignidad de cada persona.
La sexta edición anual de la conferencia “Missionaries of Hope” Youth in Action for Immigration fue organizada por Strangers No Longer, un apostolado laico católico que acompaña a inmigrantes y promueve la enseñanza de la Iglesia en materia migratoria.
Este año participaron 85 estudiantes de ocho escuelas, quienes pudieron escuchar testimonios en primera persona sobre lo que implica llegar a este país, recibir aportes de especialistas en derecho migratorio y participar en actividades prácticas basadas en situaciones reales, incluyendo herramientas para manejar momentos de tensión.
Según los organizadores, el encuentro —organizado por los propios estudiantes— buscó ayudar a los jóvenes a comprender mejor la realidad migratoria y a ponerse en el lugar de migrantes y refugiados, con el fin de fomentar un diálogo claro y compasivo.
“El objetivo es que quienes participen se vayan con una mirada renovada sobre quiénes somos, reconociendo que todos somos personas, que todos buscamos un hogar seguro donde crecer y salir adelante, y que nadie quiere dejar a otros afuera”, señaló Sofia Dussan, estudiante de penúltimo año en Fr. Gabriel Richard High School, en Ann Arbor, en diálogo con Detroit Catholic. “Hoy es una oportunidad para celebrar la inclusión en nuestras comunidades y nuestras diferencias, sin perder de vista lo que nos une: el amor a Jesús, que nos enseña a amar a todos, acoger y vivir como hermanos, sin vernos como extraños".
Dussan se convirtió en una de las líderes estudiantiles de la conferencia, junto con Joseph Davis, alumno de último año de la University of Detroit Jesuit, y Katie Fortino, también de último año en Notre Dame Prep, en Pontiac, tras haber participado en el encuentro el año pasado.
“Creé mi propio ‘Círculo de Apoyo’ en mi escuela y encontré oportunidades de voluntariado en mi comunidad para ayudar a migrantes”, contó Dussan, en referencia a los grupos impulsados por Strangers No Longer en parroquias y escuelas. “Espero que quienes están hoy en la conferencia puedan ver cuánta gente se interesa por este tema y quiere generar un cambio, y que eso también los anime a involucrarse”.
El arzobispo de Detroit, Edward J. Weisenburger, dialogó con los estudiantes al inicio de la conferencia y expresó su alegría al ver a tantos jóvenes comprometidos en la defensa de la dignidad humana.
El arzobispo, que acompañó pastoralmente a migrantes durante sus siete años como obispo en un estado fronterizo, en Tucson, Arizona, señaló que muchas personas han asumido grandes riesgos para huir de la violencia y la persecución en busca de una vida mejor.
“Incluso los arzobispos a veces se preguntan: ‘¿Estoy solo en esto?’”, dijo Weisenburger. “Y cada vez que voy a algún lugar y veo a jóvenes que se interesan por los demás y quieren que el mundo sean un lugar mejor, reconociendo a Cristo en quienes están más ocultos, eso me da ánimo para seguir”.
El arzobispo Weisenburger también recordó su experiencia en Tucson, donde Catholic Charities, la Compañía de Jesús y otras organizaciones impulsaban la Kino Border Initiative, que en su momento llegó a recibir hasta 1.400 personas por día derivadas por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
“Cuando me detenía a hablar con algunas de estas personas, la mayoría de las veces descubría que no querían estar aquí”, dijo el arzobispo Weisenburger. “Querían estar en su país, pero no podían sobrevivir allí. Estaban atrapados entre emprender un camino muy peligroso, con la posibilidad de una vida para ellos y sus hijos, o quedarse y enfrentar, casi siempre, la muerte.
“Eso no suele aparecer en las noticias, o si aparece, queda opacado por tantas voces políticas”, añadió. “Pero una y otra vez vi lo más humano de cada persona y, verdaderamente, vi a Jesús”.
El arzobispo Weisenburger contó a los estudiantes que le impresionó profundamente la gran cantidad de voluntarios que trabajaban en la Kino Border Initiative y su testimonio al reconocer a Cristo en los pobres, en los más golpeados y en los inmigrantes.
El arzobispo señaló que, así como es importante que la Iglesia enseñe lo que cree sobre la dignidad de toda persona, también es fundamental dar testimonio del llamado cristiano a amar.
“Me llena de entusiasmo ver a tantas personas en esta sala comprometidas con algo que realmente puede marcar una diferencia en nuestro mundo y en nuestro futuro”, expresó. “Me preocupa el mundo y el futuro hoy, pero tengo esperanza. En todas las épocas ha habido testigos; ustedes son los testigos de este tiempo. Que el Señor los fortalezca y los bendiga, y sepan siempre que cuentan no solo con mi apoyo, sino también con mi cariño y mi admiración.”
Fortino, de Notre Dame, una de las co-líderes estudiantiles de la conferencia, explicó que otro de los objetivos del encuentro era brindar a los jóvenes información y herramientas para bajar la intensidad del debate en torno a la migración, especialmente en un contexto marcado por políticas migratorias más duras y discursos que generan tensión.
“De verdad espero que quienes participaron se lleven una mirada renovada sobre los problemas de nuestro mundo, en especial sobre la migración, y que aprendan a vivir su fe también en este tema tan importante, difundiendo mensajes de compasión, esperanza y conciencia”, expresó Fortino.
También señaló que le gustaría que otros estudiantes se sientan motivados, como le ocurrió a ella, a involucrarse y participar en iniciativas en sus propias escuelas.
“El año pasado me sumé al ‘Círculo de Apoyo’ en mi escuela, y fue a través de eso que me invitaron a esta conferencia”, contó Fortino, quien hoy lidera el grupo en Notre Dame Prep. “El grupo me acercó a esta realidad y también a este encuentro; realmente me abrió los ojos y despertó en mí el deseo de comprometerme”.
La conferencia incluyó el testimonio de Odalis Perales, responsable de alianzas estratégicas de Strangers No Longer, quien compartió su experiencia al crecer en Florida como inmigrante proveniente de México.
“Cuando era más joven, me hubiera encantado contar con un espacio así. Estoy muy agradecida de estar acá”, dijo Perales. “A veces todavía me siento como una estudiante de último año, aunque ya no lo soy. Sigo teniendo mucho por aprender, pero ya entonces, como organizadora en la escuela, sabía que quería ser como ellos. Y hoy, mientras sigo aprendiendo, lo hago junto a ustedes y también de ustedes.”
Perales fue aceptada en Dartmouth College, donde recibió ayuda financiera, y al graduarse en antropología médica, con una especialización en estudios hispanos, supo que quería ayudar a familias como la suya.
“Quería ayudarlas no solo a sobrevivir en Estados Unidos, sino a poder salir adelante”, dijo Perales. “Y eso es lo que hago hoy: trabajo en un estudio jurídico enfocado en la defensa de derechos. Hablo con personas de la comunidad inmigrante como yo, escucho sus historias y busco maneras de acompañarlas y fortalecer a sus comunidades. Quiero ayudar a las familias inmigrantes, y puedo hacerlo a través de la defensa y dando a conocer sus historias”.
Elinor Jordan, abogada del Michigan Poverty Law Program, explicó a los estudiantes cómo las leyes migratorias muchas veces terminan perjudicando a quienes más necesitan ayuda.
Al referirse a los Hechos de los Apóstoles, donde se describe a la comunidad cristiana como un lugar en el que “todos tenían lo necesario”, Jordan señaló que esa realidad muchas veces no se refleja en la vida de las familias migrantes.
“Después de la universidad, tuve la oportunidad de ir a El Salvador a trabajar con jóvenes. Y cada vez más, ellos no veían un futuro seguro en su propia comunidad”, contó. “Por más que se impulsaran iniciativas de desarrollo —desde el acceso al trabajo hasta la educación— muchos de los varones pensaban que tarde o temprano serían reclutados por pandillas, y si se negaban, se enfrentaban a una muerte casi segura. Muchas jóvenes, por su parte, sabían que podían verse forzadas a relaciones con personas que querían hacerles daño, y si se resistían, ellas y sus familias quedaban en riesgo”.
Jordan comparó las leyes migratorias de Estados Unidos a fines del siglo XIX —cuando su familia llegó desde Alemania a la región conocida como “Thumb” de Michigan— con el sistema actual, que hoy resulta mucho más complejo y desgastante para quienes intentan ingresar al país.
Según explicó, en el sistema migratorio estadounidense actual hay, en términos simples, tres caminos: sangre, sudor y lágrimas.
“Puedes ingresar a través de un familiar muy cercano —la ‘sangre’— si tienes ese vínculo, pero el proceso puede tardar entre un año y medio y 40 años, y no estoy exagerando”, señaló. “En cambio, si alguien entra sin autorización, prácticamente no tiene forma de regularizar su situación”.
El segundo camino, el “sudor”, corresponde a quienes llegan con visas de trabajo, que —según indicó— suelen estar al alcance de personas con títulos avanzados, como doctorados, y rara vez benefician a inmigrantes de sectores más vulnerables, que son justamente quienes tienen más probabilidades de sufrir persecución o violencia en sus países de origen.
“Y después están las ‘lágrimas’, que es donde yo he dedicado la mayor parte de mi carrera”, añadió. “Es la vía humanitaria”.
Sin embargo, este tercer camino, ingresar como refugiado, también se ha vuelto cada vez más difícil, explicó Jordan. Muchas personas pasan años en campamentos de refugiados en el extranjero esperando poder llegar a Estados Unidos o solicitando asilo, y en algunos casos nunca obtienen la autorización.
“La forma legal de llegar a Estados Unidos como refugiado es ser reconocido como tal en un campamento de refugiados”, explicó Jordan. “He conocido personas que pasaron entre 15 y 20 años en estos campamentos esperando poder ingresar”.
“Por eso hablamos de sangre, sudor y lágrimas: son puertas muy estrechas”, agregó.
Joseph Davis, de University of Detroit Jesuit, otro de los estudiantes que lideró la organización de la conferencia, señaló que a lo largo de la jornada estuvo muy presente la invitación a hacerse eco de las historias de otros. Además de los contenidos prácticos y las exposiciones, el encuentro también puso el acento en la oración, el servicio y el acompañamiento: los estudiantes prepararon tarjetas de oración para familias inmigrantes y elaboraron propuestas concretas para llevar a sus escuelas.
Davis expresó su deseo de que quienes participaron puedan llevar lo aprendido a sus comunidades y animarse a abrir conversaciones necesarias con sus pares y otras personas, desde una mirada informada y cercana.
“Ojalá que la conferencia de hoy les abra los ojos a las muchas formas en que las políticas migratorias impactan en nuestro país y en nuestras conversaciones cotidianas”, dijo. “Espero que puedan comprender mejor las dificultades que atraviesan muchas personas de la comunidad inmigrante y ver cuánta gente se interesa por este tema”.


