El arzobispo Weisenburger celebró la Misa con descendientes de refugiados de la Guerra Cristera, quienes proclamaron el grito del santo: "¡Viva Cristo Rey!"
DETROIT — El 10 de febrero, la parroquia Most Holy Redeemer fue el escenario de una Misa especial que honró la valentía y la fe que san José Sánchez del Río manifestó en el momento de su martirio.
El arzobispo de Detroit, Edward J. Weisenburger, se unió a la comunidad de la Society of Our Lady of the Most Holy Trinity y a los feligreses de Holy Redeemer para proclamar a viva voz el grito desafiante de Sánchez del Río: "¡Viva Cristo Rey!", antes de celebrar la Misa en español en el día de su fiesta.
San José Sánchez del Río (1913-1928) nació en Sahuayo, Michoacán, y, siendo apenas un adolescente, se ofreció como voluntario para apoyar a los cristeros durante la Guerra Cristera (1926-1929), cuando el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles impuso severas restricciones a la Iglesia y a la libertad religiosa.
Junto a sus hermanos, se integró a las fuerzas cristeras y fue nombrado abanderado de su grupo. Sus compañeros lo llamaban “Tarsicio”, en referencia al joven santo de los primeros siglos que dio la vida por proteger la Eucaristía.
Sánchez del Río quedó separado de su tropa durante un enfrentamiento y fue capturado por las fuerzas del gobierno. Tras ser torturado y obligado a presenciar la ejecución de otros rebeldes cristeros, le exigieron que renunciara a su fe.
El joven se negó, y un soldado ordenó que le cortaran las plantas de los pies y lo obligaran a caminar descalzo por el pueblo hasta el cementerio. Le ofrecieron perdonarle la vida si gritaba: “¡Muera Cristo Rey!”.
Pero Sánchez del Río respondió con el mismo clamor que identificaba al movimiento cristero: “¡Viva Cristo Rey!”.
Fue ejecutado el 10 de febrero de 1928, y la noticia de su martirio comenzó a difundirse rápidamente desde Michoacán por toda la región.
Con el tiempo, muchos inmigrantes mexicanos provenientes de Michoacán emigraron a Michigan en busca de trabajo en la planta de Ford Motor Company, en el suroeste de Detroit, y se establecieron en los alrededores de Most Holy Redeemer. Allí comenzó a crecer la devoción a José Sánchez del Río, explicó el P. Tony Blount, SOLT, vicario parroquial de Most Holy Redeemer y vicario general de la comunidad SOLT en Detroit.
“La devoción a san José Sánchez del Río es muy fuerte aquí en Holy Redeemer porque muchos feligreses, especialmente los mayores, crecieron a solo una hora del lugar donde fue martirizado”, dijo el P. Blount a Detroit Catholic. “Fue martirizado en Michoacán, en Sahuayo, y muchas personas son de San Luis Potosí y Jalisco, así que sienten una cercanía muy especial”.
Hace dos años, el obispo Javier Navarro Rodríguez, entonces obispo de la diócesis de Zamora (que incluye Michoacán), obsequió a Most Holy Redeemer una reliquia de san José Sánchez del Río, en reconocimiento al gran número de inmigrantes de esa región que se establecieron en la parroquia durante las décadas de 1930 y 1940.
“La devoción a José Sánchez del Río nunca desapareció aquí, incluso antes de que fuera declarado santo (en 2016)”, dijo el P. Blount. “Esto se remonta a la época en que el gobierno mexicano era profundamente anticatólico y a la lucha por la fe que protagonizaron los cristeros hace 100 años en México. Muchas de las familias aquí descienden de ellos. Hoy son sus nietos y bisnietos quienes mantienen viva la fe”.
“Esa celebración y ese espíritu de amar la fe con todo el corazón, incluso hasta dar la vida por ella, siguen muy presentes en los descendientes de los cristeros, que gritan: ‘¡Viva Cristo Rey!’”, añadió el P. Blount.
El P. John Robinson, SOLT, párroco de Most Holy Redeemer, fue el encargado de pronunciar la homilía, en la que destacó que la vida de san José Sánchez del Río demuestra que no hay edad para la santidad, ya que fue martirizado con apenas 14 años.
"Este joven tenía 14 años cuando entregó valientemente su vida por Cristo", dijo el P. Blount. "No estaba obligado a hacerlo; le dijeron que eligiera entre su vida y su fe, y eligió a Cristo. Es una gran lección para todos".
Al final de la Misa, el arzobispo Weisenburger mostró la reliquia de san José Sánchez del Río, y los fieles tuvieron la oportunidad de venerar al joven santo, recordando su testimonio y el llamado a la fidelidad que hoy resuena en la vida de cada católico.
"La vida de san José Sánchez del Río nos enseña que la fe debe ocupar un lugar central en nuestra vida", afirmó el P. Blount. "Nos recuerda que la fe no es solo una parte de lo que somos; es el centro mismo de nuestra vida. Este joven nos mostró el valor que se necesita para ser católico. Tanto en su tiempo como en el nuestro, vivir para Dios exige valentía".


