'Jesús llora': Cardenal McElroy denuncia el trato a los inmigrantes en EEUU

El arzobispo de Washington, Robert W. McElroy, en la Misa por la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado celebrada en la catedral de San Mateo Apóstol, el 27 de septiembre de 2026, dijo que el país ha optado, durante el último año y medio, por apartar la mirada del sufrimiento de los inmigrantes indocumentados, y llamó a los católicos a abandonar el papel de espectadores para convertirse en el Buen Samaritano de la parábola. (Foto OSV News/Mihoko Owada, El Pregonero)

WASHINGTON (OSV News) -- En una homilía de tono inusualmente directo, el cardenal Robert W. McElroy, arzobispo de Washington, acusó a Estados Unidos de haber elegido, durante el último año y medio, el papel del sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano: los que ven al herido y cruzan de vereda para no actuar.

"Como nación, ya no podemos seguir pasando de largo", instó el cardenal durante la Misa por la 112º Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. "Debemos detenernos, reconocer el mal que se está cometiendo en nuestro nombre y combatirlo en todas sus formas".

La Misa, celebrada el 27 de septiembre en la catedral de San Mateo Apóstol, destacó el apoyo de la Iglesia a los migrantes y refugiados. Antes de la liturgia, los participantes rezaron un rosario multilingüe en inglés, español, tagalo, amárico y criollo haitiano.

En una homilía titulada "Pasamos de largo", el cardenal McElroy sostuvo que el país ha optado, durante los últimos 18 meses, por apartar la mirada del sufrimiento de los inmigrantes indocumentados, y llamó a los católicos a abandonar el papel de espectadores para convertirse en el Buen Samaritano de la parábola.

El cardenal estructuró su homilía alrededor de dos herencias que, dijo, definen la relación de Estados Unidos con el extranjero. 

La primera es religiosa y se remonta al Libro del Deuteronomio, donde Moisés pide a Israel recordar que también fue esclavo y extranjero en tierra ajena, y ordena no violar los derechos del forastero, del huérfano ni de la viuda. Ese mandato, señaló el cardenal, atraviesa por igual al judaísmo, al cristianismo y al islam, así como las tradiciones morales de prácticamente todas las religiones presentes en el país.

La segunda herencia, explicó, es propiamente estadounidense: la reverencia histórica por la inmigración que construyó la nación, encarnada en los versos de Emma Lazarus inscritos en la Estatua de la Libertad, que invitan a recibir a los "cansados", a los "pobres" y a "los desamparados y azotados por las tempestades". 

El cardenal McElroy lamentó que esas palabras, que alguna vez conmovieron a todo el país, sean hoy rechazadas, plagadas de condiciones "o completamente ignoradas".

Al recordar la lectura del Evangelio leído durante la Misa, el cardenal dijo que la Parábola del Buen Samaritano era clara. El sacerdote y el levita fueron testigos "del dolor de la víctima" de los asaltantes y aun así cruzaron al otro lado del camino para no involucrarse. 

Citando a un profesor de Escritura de su seminario, el cardenal recordó una enseñanza incómoda: ante cualquier parábola de Jesús, hay que buscar el personaje que menos nos gusta, porque ese es el que verdaderamente somos.

Al conectarlo con la situación actual, el cardenal McElroy sostuvo que buena parte del país ha actuado como el sacerdote y el levita, viendo "el sufrimiento de los inmigrantes indocumentados que viven entre nosotros" y, aun así, "en gran medida, simplemente hemos pasado de largo".

Personas rezan durante una Misa por la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada por el cardenal Robert W. McElroy de Washington el 27 de septiembre de 2026, en la Catedral de San Mateo Apóstol, en Washington. (Foto de OSV News/Mihoko Owada, Catholic Standard)
Personas rezan durante una Misa por la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada por el cardenal Robert W. McElroy de Washington el 27 de septiembre de 2026, en la Catedral de San Mateo Apóstol, en Washington. (Foto de OSV News/Mihoko Owada, Catholic Standard)

El arzobispo repasó lo que llamó una progresiva normalización de la injusticia. Recordó que, a comienzos de 2025, se aceptó que la aplicación migratoria se limitara a asegurar la frontera y deportar a quienes hubieran cometido delitos graves, en línea con lo que la propia doctrina católica reconoce como derecho de una nación a proteger sus fronteras. 

Pero, agregó, ese consenso se rompió con las redadas indiscriminadas en campos agrícolas, estacionamientos, hogares de ancianos y escuelas, que, sostuvo, convirtieron la política migratoria en lo que describió como "una ofensiva contra todos los inmigrantes indocumentados que viven en nuestro país", incluidos quienes llevaban décadas de arraigo y aporte a la economía y la cultura nacional.

El cardenal McElroy señaló que, incluso cuando las deportaciones comenzaron a alcanzar a familias, feligreses y compañeros de trabajo conocidos, la reacción social fue una preocupación pasajera antes de "cruzar al otro lado del camino y pasar de largo". 

El cardenal mencionó también el operativo del Gobierno federal en Minneapolis, con despliegue de tropas escasamente preparadas y "la muerte de quienes habían alzado su voz en resistencia", como un episodio que generó indignación inmediata.

Los manifestantes Alex Pretti y Renee Good murieron tras recibir disparos de agentes del ICE en Minneapolis.

El cardenal lamentó, también, que "la máscara se hubiera convertido en el nuevo símbolo de la justicia estadounidense" -- pero que, según describió, terminó igualmente diluido en el mismo patrón de indiferencia.

En uno de los pasajes más duros de su homilía cuestionó el fundamento oficial de las deportaciones. Recordó que, durante más de un año, se justificó la expulsión de inmigrantes alegando que habían infringido la ley al entrar o permanecer en el país. Pero, señaló, más de un millón de personas admitidas legalmente bajo asilo o el programa de Estatus de Protección Temporal (TPS) --precisamente por el peligro que enfrentarían en sus países de origen-- están siendo deportadas. 

"Estos refugiados no infringieron ninguna ley," dijo. "Están siendo deportados por un deseo generalizado de excluir a los inmigrantes de la sociedad estadounidense". 

El cardenal también habló del caso de Liam Ramos, un niño de cinco años detenido por agentes de ICE en enero -- cuya foto al momento de la detención mostraba al pequeño con su gorro de conejo azul y su mochila de Spider-Man completamente desconcertado. 

La familia se había presentado en las oficinas fronterizas de Texas en diciembre de 2024 para solicitar asilo legalmente y su caso estaba pendiente en la corte. Tras ser arrestado junto con su padre, Liam fue trasladado a un centro de detención en Texas, donde permaneció un mes hasta que un juez federal indignado ordenó su liberación. 

El cardenal McElroy recordó que ese juez acompañó la orden con dos citas del Evangelio: una que llama a dejar que los niños se acerquen a Jesús, y otra, brevísima, que dice simplemente: "Jesús lloró". 

Para el cardenal, esa frase resume el sentido de toda su homilía: "Jesús llora en todo nuestro país por los niños que han sido arrestados, detenidos, trasladados a centros lejanos con condiciones de vida deficientes y separados de sus familias".

El cardenal McElroy cerró su homilía con un pedido explícito a la comunidad católica: Dejar de "pasar de largo", reconocer el mal que se comete "en nuestro nombre" y combatirlo en cada una de sus dimensiones, incluso presionando o buscando reemplazar a los representantes políticos que lo toleren. 

Insistió en que abandonar el espíritu del Deuteronomio y de la Estatua de la Libertad equivale, para la nación, a perder su alma, y convocó a los fieles a "dejar atrás nuestra actitud de sacerdotes y levitas para convertirnos en el Buen Samaritano, que no reconoció fronteras ni límites al momento de socorrer a la víctima que yacía al borde del camino".

"Debemos mantener siempre ante nuestros ojos a las familias que están siendo separadas, el temor que consume a las comunidades indocumentadas y el sufrimiento de los niños", dijo. "Debemos actuar ahora y actuar juntos. Porque Jesús llora, y seguirá llorando hasta que vayamos al borde del camino, levantemos a la víctima, la abracemos y hagamos de su dolor nuestro dolor".

La inmediata reacción de la multitud que colmó el recinto de la catedral de San Mateo fue ponerse de pie y prorrumpir en sostenidos aplausos al arzobispo de Washington, quien agradeció a los que trabajan por la justicia.



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