En el rezo del Ángelus de este domingo, el Papa León XIV meditó sobre el Evangelio de San Lucas (14,1.7-14) y exhortó a los fieles a liberarse de la vanidad y la competencia, para dejar que Cristo sea quien eduque en la humildad y en la libertad.
El Pontífice advirtió que también en nuestro tiempo se repite lo que Jesús observó en casa de los fariseos: “Él se había percatado de una carrera por ocupar los primeros lugares. Esto sucede también hoy, no tanto en la familia, sino en las ocasiones en que importa ‘hacerse notar’. Entonces, el estar juntos, se transforma en una competición”.
Frente a esta tentación, León XIV llamó a contemplar la vida desde la mirada de Cristo: “Es muy importante vernos a través de su mirada, repensar cómo muchas veces reducimos la vida a una competición, cómo perdemos la compostura con tal de obtener algún reconocimiento, cómo nos comparamos inútilmente unos con otros”.
El Papa recordó que el camino que Jesús propone es la humildad:
“El Evangelio usa la palabra ‘humildad’ para describir la forma plena de la libertad (cf. Lc 14,11). La humildad, en efecto, es ser libre de uno mismo”.
Quien busca engrandecerse, señaló, en realidad vive encerrado en sí mismo: “Quien se engrandece, en general, parece no haber encontrado nada más interesante que sí mismo y, en el fondo, tiene poca seguridad en sí”. En cambio, “quien ha comprendido que es muy valioso a los ojos de Dios, quien se siente profundamente hijo o hija de Dios, tiene cosas más grandes de las que gloriarse y posee una dignidad que brilla por sí sola”.
El Santo Padre destacó que la Eucaristía es el lugar donde Cristo mismo nos enseña:
“Sentarnos juntos en torno a la mesa eucarística, en el día del Señor, significa también para nosotros darle a Jesús la palabra. Él se hace nuestro huésped y puede describir cómo nos ve”.
“Pidamos hoy que la Iglesia sea para todos un taller de humildad, es decir, esa casa en la que siempre se es bienvenido, donde los puestos no se conquistan, donde Jesús puede tomar todavía la Palabra y educarnos en su humildad y en su libertad”, agregó.
Finalmente, León XIV confió a los fieles a la Virgen María: “María, a quien ahora invocamos, es verdaderamente la Madre de esta casa”.
- Esta nota fue publicada originalmente en ACIPRENSA.