Responden públicamente «sí» al llamado de Dios e ingresan a la candidatura para las sagradas órdenes

Jonathan Ligenza (izquierda) y Christian Pulido (derecha) fueron reconocidos públicamente como seminaristas de la Arquidiócesis de Detroit el 12 de agosto, cuando el arzobispo Edward J. Weisenburger aceptó su candidatura a las sagradas órdenes durante una Misa especial en la Catedral del Santísimo Sacramento. Ambos comenzarán ahora sus estudios de teología en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón. (Fotos de Valaurian Waller | Detroit Catholic)

El arzobispo anima a los seminaristas Christian Pulido y Jonathan Ligenza a seguir adelante hacia donde Dios los guíe

DETROIT — Ante la pregunta de si están dispuestos a ayudar a reconciliar la creación de Dios con el Padre en la Arquidiócesis de Detroit, Christian Pulido y Jonathan Ligenza respondieron con un firme «sí».

Los dos seminaristas de la Arquidiócesis de Detroit, que estudian en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón, reafirmaron su deseo de continuar discerniendo el sacerdocio el 11 de agosto, cuando el arzobispo de Detroit, Mons. Edward J. Weisenburger, los acogió oficialmente como candidatos a las sagradas órdenes durante una Misa celebrada con sus compañeros seminaristas en la Catedral del Santísimo Sacramento.

Pulido y Ligenza son ahora reconocidos públicamente como seminaristas de la Arquidiócesis de Detroit y portan el cuello romano por primera vez.

«Estoy muy agradecido por lo que Dios ha hecho hoy por mí y por mi compañero de clase, y estoy muy agradecido con mis formadores, con mi familia y con todos los presentes por todo el trabajo que han realizado para ayudarnos a formarnos», expresó Pulido a Detroit Catholic. Pulido es feligrés de la parroquia San Francisco de Asís - Santa Eduviges en Detroit.

Pulido y Ligenza comenzarán ahora la etapa de Configuración de su formación seminaria, la cual comprende cuatro años de estudios teológicos. Durante este periodo, los seminaristas serán instituidos como lectores y acólitos, pasos intermedios previos a su ordenación como diáconos transitorios, si Dios así lo permite.

Ahora Pulido (izquierda) y Ligenza tienen el privilegio de vestir el cuello romano al recorrer los pasillos del Seminario Mayor del Sagrado Corazón y de presentarse públicamente como seminaristas de la Arquidiócesis de Detroit.
Ahora Pulido (izquierda) y Ligenza tienen el privilegio de vestir el cuello romano al recorrer los pasillos del Seminario Mayor del Sagrado Corazón y de presentarse públicamente como seminaristas de la Arquidiócesis de Detroit.

«Sé que portar el cuello romano es una gran responsabilidad para representar a la Iglesia de esta manera, y continuaré pidiendo en oración que Jesús siga haciendo su obra en mi vida, así como en la de todos mis hermanos seminaristas que este año asumen el cuello romano», afirmó Pulido.

Ligenza señaló que la Misa de candidatura representa el primer «sí» público que ha dado en su proceso de discernimiento, a diferencia de los aspectos más privados que implicaron decidir ingresar al seminario y completar los estudios de preteología.

«Dar este 'sí' significa simplemente mantener los ojos fijos en Cristo y configurarme más a Él, el sumo sacerdote», expresó Ligenza. «En cierto modo, resulta extraño y surrealista pensar que he llegado a este punto de la formación, lo cerca que estoy de recibir otros ministerios en la Iglesia».

Ligenza, feligrés de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores en Farmington, pidió a los fieles de toda la Arquidiócesis de Detroit que oren por él y por Pulido, pero también por el aumento de las vocaciones, para que más hombres respondan «sí» al llamado de Dios.

«Las parroquias de origen, en especial, son clave para fomentar las vocaciones», indicó Ligenza. «Las familias y las parroquias realmente necesitan animar a más hombres a discernir y a decir que 'sí'. Y les pido que oren por todos nosotros, los seminaristas, para que crezcamos en santidad cada día».

En su homilía, el arzobispo Weisenburger transmitió a Ligenza, a Pulido y a sus hermanos seminaristas que existe un valor inmenso en responder «sí» al llamado de Dios. El arzobispo recordó cómo, cuando era seminarista de la Arquidiócesis de Oklahoma City, sus formadores le pidieron estudiar en Europa, en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, mientras que el resto de sus compañeros de clase permanecían en Estados Unidos.

Decir «sí» al llamado de Dios «nos quita a nosotros del centro y permite que todo se trate realmente de Dios», afirmó el arzobispo Weisenburger durante su homilía.
Decir «sí» al llamado de Dios «nos quita a nosotros del centro y permite que todo se trate realmente de Dios», afirmó el arzobispo Weisenburger durante su homilía.

Tras enumerar a su director espiritual todas las razones por las que no debía ir, el arzobispo recordó el consejo que este le dio: Al igual que la Santísima Virgen María, «simplemente di que 'sí'».

«Recuerdo que me dijo: '¿Qué es lo peor que podría pasar?'», relató el arzobispo Weisenburger. «Le respondí que podría fracasar. Y él me contestó: '¿Qué tiene eso de malo?'».

«He estado luchando, a menudo de manera imperfecta, por decir que 'sí' durante los últimos 43 años», continuó el arzobispo. «Ha habido momentos en los que me he caído. Pero debo decirles que decir 'sí' resulta muy liberador; nos quita a nosotros del centro y permite que todo se trate realmente de Dios».

Al reflexionar sobre la lectura del Evangelio según san Mateo (18, 15-20), en la que Jesús enseña a sus seguidores cómo manejar los desacuerdos y las disputas, el arzobispo Weisenburger señaló que las sagradas órdenes tratan de reconciliar al mundo con Cristo, así como Cristo reconcilia al mundo con el Padre.

«Hoy en día, a nuestra cultura le fascinan las peleas y los enfrentamientos, lo que nos deja un poco al margen, pero necesitamos destacar», expresó el arzobispo Weisenburger. «Debemos destacar como hombres y mujeres de reconciliación. Y para quienes ingresan a la candidatura para las sagradas órdenes —si esa fuera su vocación— sería un llamado a reconciliar de una manera única y sagrada».



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