El Arzobispo le recuerda a los fieles que, a pesar del virus, Jesús  ‘es el Señor del 2020’

Desde la Catedral del Santísimo Sacramento, el Arzobispo Vigneron celebró la misa del cuarto domingo de cuaresma con tan solo un concelebrante, dos camarógrafos, un acólito y pequeño coro – todo dentro de las limitaciones que recomienda el gobierno con respecto a las reuniones para combatir la crisis del  COVID-19. (Fotos por Paul Duda | Detroit Catholic)

Durante su segunda misa transmitida en vivo, el Arzobispo Vigneron dijo que los fieles todavía son “enviados en misión” aún durante la cuarentena y la pandemia.

DETROIT- Por segunda vez consecutiva, el domingo el Arzobispo Allen H. Vigneron estuvo frente a una Catedral del Santísimo Sacramento vacía y habló a su congregación a través de una transmisión en vivo.

El arzobispo celebró la misa en el cuarto domingo de cuaresma con tan solo un concelebrante, dos camarógrafos, un acólito y unos cuantos del coro – todo dentro de las limitaciones que recomienda el gobierno con respecto a las reuniones para combatir la crisis del COVID-19.

Sin embargo, a pesar de las restricciones, el distanciamiento social y la incertidumbre, en su reflexión sobre las lecturas de la liturgia, el arzobispo dijo que los fieles todavía “son enviados en misión” aún en marzo 2020.

“Sí, tiene que haber lo que las autoridades llaman distanciamiento social, pero no estamos en un cierre misionario,” dijo el Arzobispo Vigneron. “Estamos en una misión; continuamos en el envío. Se nos envía a ser testigos de la nueva manera de ver las cosas, la esperanza que tenemos de ver las cosas con los ojos y con el corazón de Jesús.”

El arzobispo dijo que como cristianos, en tiempos de estrés y dificultad, Dios es todavía el Señor, y Él nos ofrece sus gracias — todo lo que los fieles tienen que hacer es estar atentos para verlas y aprovecharlas.

Reflexionando sobre la lectura del Evangelio, Juan 9:1-41, acerca del hombre que era ciego de nacimiento y que fue sanado por Cristo y le permitió ver, el Arzobispo Vigneron dijo que el pasaje es un ejemplo de lo que Dios tiene para todo Su pueblo.

“El hombre que había nacido ciego cree, entra en la fe,” dijo el arzobispo. “Él ha entrado en una relación personal con Jesús; ha entrado a una alianza con el Señor y ahora tiene una nueva manera de ver.”

De la misma forma, dijo el arzobispo, lo que Dios ha hecho para todo Su pueblo es darles una nueva manera de ver y reconocer quién es Jesús y la belleza de la cruz. Y, dijo, todo mundo está llamado a compartir esta nueva manera de ver con el mundo.

“Somos enviados a compartir esta buena nueva a un mundo que desea tener esperanza pero que tiene miedo de esperar; yo los invito especialmente a ustedes y a sus familias a compartir su testimonio,” dijo el Arzobispo Vignerón.

El Arzobispo Allen H. Vigneron celebró la misa del 22 de marzo, el cuarto domingo de cuaresma, en la Catedral del Santísimo Sacramento junto con el rector de la catedral, el padre J.J. Mech.

Al compartir su testimonio, dijo, los fieles deben hacerlo dentro de las limitaciones requeridas ante el coronavirus, pero tal testimonio no se termina donde comienzan el distanciamiento social o la cuarentena.

“Padres e hijos, compartan su testimonio, su nueva manera de ver las cosas,” dijo el Arzobispo Vigneron. “Compartan con sus vecinos, manteniendo determinada distancia, para que cuando nos vean a los cristianos teniendo esperanza y tranquilidad, dirán: ‘Ah, yo quiero lo que ellos tienen.’”

Al concluir su homilía para pasar a la liturgia de la eucaristía con miles de fieles participando desde sus hogares, el arzobispo recordó a su congregación remota que Jesús es el Señor — Señor del año 2020, Señor aún en tiempos de pandemia, e invitó a los fieles a orar la oración de la Comunión espiritual y el Acordaos.

Oración para la Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente, más ya que no puedo hacerlo sacramentalmente, ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a tí. No permitas que me separe de tí. Amen

Memorare

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que hayan acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado por ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches mis humildes súplicas, oh Madre del Verbo divino, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente.
Amén.


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