En la vigilia de Pentecostés, el padre Pullis anima a ser "parte de la banda musical de Dios"

El Arzobispo Vigneron dio la bendición apostólica al concluir la Pascua, la cual incluyó la indulgencia plenaria 

DETROIT - El sábado por la noche la catedral se llenó con los sonidos de la música gospel, con alabanzas y adoración así como momentos de un silencio santo.

El rojo estaba en todas partes: en las vestimentas de los sacerdotes, en las rosas ofrecidas en el altar, en las serpentinas que colgaban del techo y en la ropa de los asistentes.

La ocasión fue la vigilia de Pentecostés, cuando la Iglesia conmemora el descenso del Espíritu Santo, el Paráclito, abogado de los que creen, para culminar los 50 días del tiempo litúrgico de la Pascua.

“Es una gran bendición representar a toda la arquidiócesis esta noche de vigilia por la fiesta de Pentecostés”, dijo el Arzobispo Allen H. Vigneron en su primer mensaje. "Es un día importante no solo para toda la Iglesia, sino también porque para nosotros en la arquidiócesis, es una ocasión para renovar nuestra acción de gracias por lo recibido en nuestro sínodo y poder renovar nuestro compromiso de ser fieles a esa gran bendición".

El Arzobispo Allen H. Vigneron ofrece una bendición durante la misa de vigilia de Pentecostés el 22 de mayo en la Catedral del Santísimo Sacramento. La vigilia sirve cada año como una oportunidad para que la arquidiócesis reflexione sobre su llamado misionero, dijo. (Fotos de Michael Stechschulte | Detroit Catholic)

De hecho, fue hace cuatro años en Pentecostés que el Arzobispo Vigneron emitió una carta pastoral histórica, Haz llegar el Evangelio, en respuesta al Sínodo 16 de la Iglesia local, en el cual se pidió una total renovación de los esfuerzos misioneros de la arquidiócesis.

En los años transcurridos desde entonces, la Iglesia ha dado grandes pasos hacia el cumplimiento de ese mandato, volviendo a centrarse en la evangelización y el discipulado misionero a nivel de la curia, la parroquia y la familia.

“Este es un momento para que estemos llenos de esperanza porque Dios quiere hacer cosas increíbles en la Arquidiócesis de Detroit”, dijo el padre Stephen Pullis, director de evangelización y discipulado misionero de la arquidiócesis, quien predicó la homilía. “Quiere renovarnos. Quiere que muchas personas escuchen, conozcan y amen el Evangelio de Jesucristo”.

Como la mayoría de los años, la misa anual de Pentecostés contó con alegre música de alabanza y adoración, pero a diferencia de la mayoría de los años, la misa de este año contó con un especial de gospel escrito por Keir Ward, ministro de música de la parroquia del Sagrado Corazón en Detroit.

El padre Stephen Pullis, director de evangelización y discipulado misionero de la Arquidiócesis de Detroit, predica la homilía. Como una gran banda de música, cada católico tiene un papel que desempeñar en la sinfonía de Dios, dijo.

Ward, cuya familia apareció en un reciente documental de Detroit Catholic, escribió el gospel como un homenaje a la experiencia de adoración católica negra de Detroit.

“Representa lo que es una obra del Espíritu Santo a mi parecer”, dijo el Arzobispo Vigneron después de la misa. “Escuchamos sobre 'muchas lenguas' en la liturgia, que Dios debe ser glorificado en cada lengua y idioma; y Él quiere ser glorificado en lo que podríamos llamar el 'idioma de Detroit’".

Al predicar sobre ese tema, el padre Pullis opinó que si bien no todo el mundo es un gran músico como los llamados a escribir música para la Iglesia, todo el mundo tiene su parte que desempeñar en la "banda de Jesús".

“Tenemos músicos maravillosos aquí hoy”, dijo el padre Pullis. “Yo no puedo tocar nada. El triángulo es bastante complicado para mí. Pero creo que Jesús quiere que cada uno de nosotros sea parte de su banda musical. Ya sea que sintamos que solo estamos manteniendo el tiempo o si somos un excelente guitarrista en el Evangelio, si cada uno de nosotros no está comprometido a compartir los dones y talentos que tenemos para construir el reino de Dios, entonces nuestra banda estará fuera de tono”.

Una hermana dominica inclina la cabeza en oración después de recibir la Comunión.

Las lecturas de la liturgia narraron la historia de la torre de Babel del Génesis, en la que el pueblo, en su arrogancia, construyó una torre para rivalizar con la gloria de Dios. Pero en lugar de llegar al cielo, como pretendían, Dios confundió su idioma para que uno no pudiera entender al otro.

No fue hasta Pentecostés - y la venida del Espíritu Santo - que ocurrió lo contrario, dijo el padre Pullis. En lugar de que cada uno hablara su propio idioma, el Espíritu permitió que todos escucharan la predicación de la buena nueva de los apóstoles en su propia lengua.

“El Espíritu Santo que Jesús nos da es la verdadera unidad”, dijo el padre Pullis. “El Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo, y ese mismo Espíritu nos es dado por la obediencia de Jesús al Padre. Si tratamos de estar unidos aparte de la forma en que la Iglesia nos da, la obediencia de Jesús al Padre, estaremos construyendo nuestra propia torre de Babel".

Después de la misa, el Arzobispo Vigneron ofreció una bendición apostólica a los presentes, una bendición que viene del Papa, que trajo consigo una indulgencia plenaria para quienes estén dispuestos a recibirla. Las condiciones para una indulgencia plenaria incluyen la confesión sacramental y la recepción de la Comunión, un desapego del pecado y oraciones por las intenciones del Santo Padre.

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