La experiencia del Día de Muertos en la Basílica de Ste. Anne de Detroit

Este año el “Panteón”, como se le conoce en estas fechas al sótano de Ste. Anne de Detroit, tiene menos altares que años anteriores y no podrá haber mariachi ni toda la fiesta que se celebraba después de la misa de los santos difuntos cada 2 de noviembre a las 7pm a causa de la pandemia. (Fotografía cortesía de Yuliana Bautista)

Personas de diferentes raíces y costumbres buscan conocer y vivir la experiencia de esta tradición mexicana en Ste. Anne de Detroit 

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DETROIT- El Día de Muertos es una tradición que aún tiene impacto en personas de origen mexicano, a pesar de que tengan décadas radicando en Estados Unidos, o incluso si ya nacieron en este país. Antonio Guzmán Díaz, coordinador del Ministerio Hispano para la Arquidiócesis de Detroit, habla de su experiencia personal: 

“El Día de Muertos tiene un significado importante para mi vida, porque yo crecí con esta tradición en Puebla, México, y ciertamente me ayudó a mantener la relación con mi linaje. Recuerdo que cuando se llegaba el Día de Muertos, mi abuela me platicaba de la vida de mis bisabuelos, de mis tíos y de aquellos familiares a los que yo no tuve oportunidad de conocer en esta vida. Y eso me ayudó a mantener una cierta relación con esas personas que forman parte de mi familia pero con las cuales no tuve la oportunidad de convivir”. 

Continúa Antonio, “Mi parte favorita, sin duda, era poner la ofrenda; me gustaba poner las ceras, las velas, la fruta, las imágenes de nuestros seres queridos. Era no solamente un momento de aprendizaje sobre quiénes eran esas personas, sino también de crear esa relación con mi abuela mientras conversábamos. Era muy bonito escuchar de ella cómo habían sido sus papás y sus hermanos ya fallecidos, mientras construíamos la ofrenda. Y el orar por ellos también era algo hermoso; recuerdo que ella me decía: ‘Ahora vamos a pedir por las almas de tus tíos y de tus bisabuelitos’”. 

“De pequeño no entendía el significado de toda la ofrenda y del Día de Muertos,  pero ahora que me he dado a la tarea de indagar más acerca de esta tradición, me doy cuenta de la importancia que antes tenía para las personas en tiempos prehispánicos, y cómo a partir de la conquista y la evangelización se le fue dando un sentido cristiano, pues se celebra que la muerte ha sido vencida por Nuestro Señor Jesucristo”.  

Y, “al entender esta relación con el cristianismo, veo la importancia que tiene el orar por los difuntos a fin de que puedan alcanzar lo que todos anhelamos, que es el cielo.  Igualmente me hace reflexionar en que la Iglesia está constituida en varias etapas: una Iglesia peregrina aquí en la Tierra, que está buscando la santidad; una Iglesia purgante, por la que oramos para que un día pueda ver a Dios, y una  Iglesia triunfante, formada por los que ya gozan de Cristo, y a los que les podemos pedir su intercesión para que un día también nosotros podamos hacerlo con ellos”. 

Por tanto, explica Antonio Guzmán, para muchos hispanos ese día “es la celebración de la vida”, en la que se recuerda a los seres queridos y se reza por ellos. “Es una tradición que nos ayuda a poner en práctica lo que la Iglesia enseña: rezar por los difuntos y ofrecer Misas por ellos para que puedan gozar de la presencia de Dios”. Además, “para muchos es una oportunidad de revivir esos momentos alegres que vivieron con sus seres queridos mientras estaban aquí en la tierra. Por eso la fiesta es celebrar su vida, celebrar quiénes fueron, celebrar los momentos y los recuerdos bonitos que pasaron con ellos”.  

Pero, para el cristiano, el significado principal es que “vamos a  derrotar a la muerte como hizo Cristo, porque, al compartir con Cristo la muerte, compartimos también con Él la resurrección. Así que la celebración del Día de Muertos es esto: celebrar por adelantado las primicias que Dios tiene preparadas para cada uno de nosotros, para reunirnos en el cielo y compartir una vida en el cielo llena de alegría”, explica Antonio. 

Diferencias en México y Estados Unidos

Con la llegada de los mexicanos a Estados Unidos, también llegó algo del Día de Muertos. Dice el coordinador del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis que ciertamente hay algunas diferencias entre lo que sucede en este país y en el cómo lo vivía él en México:  

“En Puebla se hacían las ofrendas, se iba a Misa, se visitaban los panteones para rezar por los difuntos y llevarle flores a sus tumbas. En cambio, en Estados Unidos ofrecemos la Eucaristía, y en la víspera de Todos los Santos se invita en muchas parroquias a los niños a que vayan a la Misa vestidos de un santo. Podría decirse que aquí también se ha combinado un poco lo pagano con lo cristiano, al dársele un significado cristiano frente a la costumbre pagana del Halloween; por eso se busca en las parroquias hacer actividades donde también se les den dulces a los niños, pero que al mismo tiempo puedan aprender acerca de la vida de los santos. Y en algunas parroquias también se da la posibilidad de hacer un altar con la ofrenda para los difuntos”. 

“En mi familia, cuando llegamos a Estados Unidos, por un tiempo la costumbre de hacer las ofrendas del Día de Muertos se apagó porque la cultura estadounidense nos absorbió. Pero poco a poco estamos tratando de retomar esta tradición, esos momentos en que nos reuníamos para recordar a nuestros seres queridos. Este año estamos pensando poner nuestra ofrenda para recordar a mis dos hermanos y mi hermana que fallecieron cuando eran bebés, y también para recordar a mis bisabuelos y a mis tíos”. 

La experiencia en Ste. Anne de Detroit 

Ste. Anne de Detroit siempre ha sido atractiva porque su basílica es la segunda iglesia más antigua de Estados Unidos que ha continuado operando desde su fundación. Esto es algo que atrae mucho a la gente, que quiere casarse en un lugar tan histórico. 

Esto lo sabe Yuliana Bautista Longoria, originaria de Reynosa, Tamaulipas, que desde que era una niña de 10 años fue traída por sus padres a vivir a Detroit, y que desde hace unos tres años trabaja en la Basílica de Santa Ana; primero lo hizo como gerente de base de datos, y ahora es asistente administrativo, de manera que Yuliana apoyaa a todas las parejas que están en el proceso o a punto de empezar el proceso para casarse; igualmente es su responsabilidad agendar los bautizos y manejar el calendario de la parroquia para todos los eventos que se llevan a cabo en la Basílica, la capilla o en los dos salones parroquiales. 

Siguiendo la liturgia, la Basílica de Ste. Anne tiene Misa bilingüe el 1 de noviembre, que es la solemnidad de Todos los Santos, y el 2 de noviembre, que es la conmemoración de los Fieles Difuntos. Yuliana cuenta que desde hace bastante tiempo una feligrés, la señora Elena Solano, levanta año con año un altar de muertos dentro de la Basílica, el cual se coloca a un lado del altar del sacrificio de la Misa. Dicho altar de muertos “es más que nada una ofrenda comunitaria”, pues “se invita a todos los feligreses  a traer una foto de algún familiar o conocido que ya ha pasado a la otra (vida)”, y que coloquen el retrato en este altar.  

“También tenemos un libro o cuaderno al lado, donde, si alguna  persona no tiene la foto de algún ser querido que ya falleció, pueda anotar su nombre; y nosotros todo el mes de noviembre incluimos a estas personas en  las peticiones de cada Misa de los domingos”, añade Yuliana. 

El surgimiento de una nueva idea 

Pero, dado que la parroquia cuenta con una feligresía mayoritariamente hispana, y además predominantemente de origen mexicano, Yuliana y una compañera tuvieron hace poco más de dos años la idea de que se le diera la oportunidad a la comunidad para que también pusiera en un salón de la parroquia altares de muerto. “Era un reto dentro del equipo pastoral, porque cuando tratamos de abrir un poquito más la celebración simplemente éramos dos personas mexicanas frente a siete estadounidenses. Era un reto hacerles entender, presentarles la visión y explicarles a muy grandes rasgos lo que iba a pasar, porque en ese momento no sabíamos cómo iba a responder la gente”. 

“La idea, más que nada, yo la presenté para abrirle a la comunidad la oportunidad de mostrar sus ofrendas, porque dentro de Detroit estos altares ya se hacían en diferentes negocios, y también existe en Detroit el Instituto de Artes, que hace estos altares de muertos aunque con un concepto diferente, no muy inclinado a lo que es tradicional. Entonces mi propuesta fue: ¿Por qué nosotros no hacerlo, si tenemos tanta gente activa, y queremos que las familias de la parroquia sean más dinámicas, y entonces por qué no ofrecer esto? Si no funciona, pues no pasa nada; pero, si funciona, es algo bueno porque nos pone en el mapa como una iglesia multicultural, muy activa y muy dinámica”. 

Explica Yuliana Bautista: “Mis jefes me apoyan en esto porque ven que es algo importante para la comunidad”. Cuando habla de sus jefes se refiere a monseñor Charles Kosanke, que es el párroco de Ste. Anne de Detroit y al padre Ryan Adams, quien es el vicario.

Monseñor Kosanke le hacía esta observación a Yuliana en un principio: “Bueno, ustedes los  hispanos quieren hacer fiesta de todo”. Y ella le contestaba: “Pero no hay nada malo en eso; estamos celebrando la vida de alguien; estamos festejando la oportunidad que Dios le dio a esta persona de vivir  la cantidad que sea de años con nosotros, y que nosotros lo disfrutamos porque, a final de cuentas, la vida es un don, y es lo que estamos celebrando”.  

Por tanto, explica Yuliana, la celebración del Día de Muertos “no es algo tipo Halloween, donde te tienen que asustar con máscaras y sangre”; “no es algo triste, tenebroso o de espanto, sino una celebración en grande”.  

Manos a la obra

Convencidas Yuliana y su compañera de que “era bonito volver a sacar todas estas raíces y tradiciones, y enseñarlas a las nuevas generaciones para que no se perdieran”, pusieron manos a la obra. Como la primera había vivido hasta los 10 años de edad en México, y aún recordaba cómo se celebraba, decidieron que el lugar para llevar a cabo su iniciativa sería en el salón parroquial del sótano, al cual  titularon “Panteón”. A continuación invitaron a grupos parroquiales y a familias de feligreses a construir  sus propios altares de muertos.  

“¡Y lo que hicimos estuvo súper padre! Pusimos manteles de plástico negro alrededor para darle más ambiente, colgamos unas lucecitas de jardín en todo el techo, y banderitas de papel picado. Creamos un caminito con cinta en el piso, y le pusimos pétalos de imitación de flor de cempasúchil, que son color naranja y amarillo; esto lo hicimos porque en Michigan no se da esa flor en estos tiempos, y si se da es muy cara y muy difícil conseguirla. Tratamos, pues, de incorporar muchas cosas para darle el ambiente”. 

La primera vez 

Cuenta Yuliana: “La primera vez que lo hicimos tuvimos una excelente respuesta de todos; cuando la gente venía a la Misa dominical, se le invitaba a que después pasara a ver estos altares de muertos. También desarrollamos un evento el día 2 de noviembre, con mariachi, comida y actividades para los niños, tales como ponerlos a hacer su propio papel picado, construir una calaverita de azúcar o pintarse la cara. Icorporábamos a toda la comunidad, ya que en Ste. Anne tenemos un ballet folclórico, un grupo de Guadalupanas y un grupo de jóvenes llamado ‘Jornadas’, así que éste era un momento perfecto donde todos salían y prestaban sus dones”.  

“Así se hacía una fiesta muy padre y muy en grande a la cual venían personas que ni siquiera eran feligreses, porque se enteraban y querían venir a experimentar lo que era una celebración de Día de Muertos tradicional. Primero bajaban al salón parroquial y recorrían todos los altares tradicionales que cada grupo o familia construían; terminado el recorrido, iban a la parte superior del salón,  donde estaba la comida, el mariachi, el ballet folclórico y las diferentes actividades”. 

Una iniciativa que creció 

La fiesta del 2 de noviembre se hacía después de la Misa bilingüe de las 7 de la tarde. “Y en los últimos dos años esto creció aún más; el año pasado tuvimos más gente todavía”.  

“Cuando empezamos a desarrollar la idea de hacer más en grande esta celebración, ya teníamos mucha demanda por el hecho de tener recorridos para alumnos que estaban cursando ya sea grados elementales o la preparatoria; la mayoría de las veces estos estudiantes eran anglos y no hablaban español, pero tomaban alguna clase en español, nivel 1 ó 2; así que venían a la Basílica como parte de un recorrido que hacían por Detroit, porque no somos los únicos que construyen altares de muertos: hay diferentes negocios en la comunidad que construyen altares de muertos, y entonces de estas escuelas viajaban a lo que es el Mexican Town, a fin de ver toda esta exhibición de altares para tener un poquito más de la experiencia de esta tradición mexicana”. 

“Además las maestras que los acompañaban les hacían un examen con palabras básicas en español. Entonces, cuando los muchachos llegaban a la Basílica, les dábamos una breve historia de lo que es Ste. Anne, de cuándo surgió, de cuándo fue fundada, de quién fue el fundador, y explicación de las cosas físicas que existen en el edificio en donde estamos”, explica Yuliana. 

“Después pasaban conmigo a ver la ofrenda que se construía dentro de la Basílica, y yo les daba una explicación donde yo también incorporaba mi propio testimonio de lo que viví en México. Era algo muy fácil para mí porque me encanta  hablar de Día de Muertos, porque es algo muy mío, algo muy de mi tradición y algo que no se me olvidó a pesar de que llegué aquí siendo una niña, ya que mi familia siempre lo ha celebrado”. 

“Entonces incorporaba mi propia vivencia con historias de cómo surgió desde los aztecas, los españoles, y de cómo fue evolucionando la celebración poco a poco. Y los muchachos estaban anonadados la mitad del tiempo. Yo les explicaba diferentes elementos que había en la ofrenda colocada en la iglesia, y hacía mucha referencia a películas como ‘Coco’, porque era el tipo de cosas que las maestras les ponían antes de venir al recorrido”.  

Y añade: “Hay varias escuelas que nada más los traen un año; pero ha habido algunos alumnos a los que les ha gustado tato que se anotan como líderes de grupo para ayudar a traer a las clases menores en los siguientes años; así que regresan seguido. Y si ellos escucharon un año mi historia, y al año siguiente se me olvidó incluir cualquier detalle, me dicen: ‘Oh, miss, ¿te acuerdas que nos dijiste tal cosa?’, y entonces agrego eso que había omitido. ¡Es muy padre ver que ponen atención, que la historia les gusta y que se meten dentro de la historia!”. 

“Finalmente esto se convirtió en algo muy grande. Pero no tengo los datos exactos de asistencia; es difícil decir cuántas eran, porque era gratis y no llevábamos un conteo; pero el salón estaba lleno todo el tiempo, y la gente entraba y salía continuamente en las tres horas que duraba el evento; creo que el salón tiene capacidad para unas 500 personas. Había muchos niños, muchas familias, muchas personas que ni siquiera hablaban español. Muchas personas asiáticas que apenas hablaban el inglés. Era magnífico”.  

Una comunidad unida y entusiasta

Todo este proyecto ha significado mucho para la comunidad parroquial de Ste. Anne. Dice Yuliana Bautista: “En cuanto a los altares en el salón parroquial del sótano, se les abre la oportunidad a los grupos parroquiales porque son los que más comúnmente responden; y entonces pone su altar el grupo de Encuentro Matrimonial, el grupo de Barrios Unidos en Cristo, del Movimiento de Jornadas, de las Guadalupanas, de los niños de educación religiosa, etcétera”. 

“Aparte se les extiende la oportunidad a familias de la parroquia para que construyan su propio altar de muertos. Las familias no son muy constantes, sino que suelen cambiar cada año; pero está bien, porque cada año vemos a alguien más o a alguien diferente interesado en esto, y se está viendo que crece el interés conforme pasa el tiempo”. 

“Los esperan todos los años. A veces se me adelantan, pues me llaman a la oficina y me preguntan: ‘Yuliana, ¿cuándo nos ponemos de acuerdo para empezar a armar los altares?’. Es algo que les entusiasma mucho, y es una actividad que une mucho a la gente”. 

“Dentro de la comunidad de la Basílica hay una feligrés, Serafina Hernández, que es dueña de una panadería muy conocida en el área, y ella todos los años nos dona ‘pan de muerto’ para que nosotros  les ofrezcamos un pedacito a todos los que vistan los altares en el sótano, porque la realidad es que los que visitan los altares son personas de fuera: son personas anglos, son personas de otras culturas, que vienen a sumergir un poquito sus pies en lo que es lo cultural de esta celebración, ¡y se van encantados! Me encanta estar con ellos y contestarles sus preguntas, porque puedes ver que les interesa genuinamente”. 

“Siento que es uno de los días festivos dentro de la comunidad latina que otras culturas aprecian, porque les explicamos que es una celebración de vida, que no estamos tristes porque nuestros seres queridos ya no están, sino que estamos celebrando la vida que tuvieron y la vida que compartieron con nosotros, y que, por lo tanto, se les hacen estas ofrendas para honrarlos con diferentes elementos que nos hacen recordarlos y que ellos disfrutaron en vida, ya sea comida, instrumentos musicales, algún pasatiempo que tuvieran”.  

En el año del COVID-19

Debido al coronavirus, este año Ste. Anne no podrá realizar la fiesta de Día de Muertos como otros años, a fin de evitar aglomeraciones. 

Sin embargo, se le dio la oportunidad a grupos parroquiales y a algunas familias de feligreses para que construyeran su altar de muertos en el salón del sótano. “Este año lo limitamos a sólo 8 altares, y están espectaculares, ¡hermosos!”, dice Yuliana. 

“Como no va a haber la fiestecita de los otros años, después de Misa se les invita los feligreses  a visitar los alteres, obviamente con el cubrebocas y con distanciamiento social; tenemos personas custodiando la entrada y la salida para cuidar que no entren muchas personas a la vez y que se mantengan con el espacio necesario. Como este año el 2 de noviembre cae en lunes, vamos a tener la Misa a las 7:00 de la noche: Va a ser bilingüe, pero no va a haber mariachi ni convivio, pero sí se va a permitir que todos los que asistan a la Misa visiten los altares”. 

“Este año la mayoría de las escuelas tienen clases virtuales; entonces lo que haremos es enviarles un enlace para que puedan ver un video que yo he grabado y un compañero ha editado, a fin de que puedan ver el recorrido, en el que incorporamos los altares que hay en el salón parroquial para que así puedan ver que hay diferentes maneras de construirlos, que cada ofrenda tiene su propia esencia, y que no hay una regla estricta de lo que se tiene que poner en un altar, por lo que  tampoco está mal ponerle de más o que falte alguna cosa”. 

“El tour virtual lo vamos a ofrecer nada más el 2 de noviembre; la dinámica va a ser así: las escuelas se contactan conmigo, yo las pongo en una lista para mandarles el enlace, y les estamos dando la opción de hacer pregunta y respuesta directamente conmigo y con Monseñor (Kosanke), porque él va a dar la historia de la Basílica, así que nos vamos a sentar él y yo en una junta vía Zoom y vamos a tener las preguntas y respuestas con los muchachos”. 

En cuanto al altar de muertos que construye Elena Solano dentro de la Basílica, este año también se ha autorizado. Cada año Elena escoge un tema diferente, y, finaliza Yuliana, “este año el tema es algo relacionado con la pandemia”, y con él se busca “dar aliento a la comunidad de que esto va a pasar, de que en algún momento la pandemia va a terminar, de que vamos a volver a tener una vida normal. Pero también estamos honrando a las personas que tal vez hayan fallecido a causa del virus o por otras razones”. 

Por su parte, Antonio Guzmán, coordinador del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis, señala que en todas las parroquias de Detroit, como en el resto del país, va a ser muy difícil, a causa de la contingencia provocada por el COVID-19, poder hacer reuniones con bastante gente. Sin embargo, “la gente puede orar desde sus hogares por sus seres queridos. Y si se tiene la oportunidad de ir a un templo y rezar por ellos, hay que hacerlo; si pueden, asistan a las Misas por los Fieles Difuntos. Aunque no se haga todo de la misma manera que solíamos hacerlo, hay que seguir pidiendo por las almas de ellos, y seguir recordándolos. Esperamos que el año que viene ya sea normal y que podamos regresar a todas las actividades que solíamos hacer en la Arquidiócesis de Detroit”. 

Más sobre el Día de Muertos y los altares

Para entender un poco más sobre esta tradición y los altares visita la nota publicada en Detroit Catholic en español.nota publicada en Detroit Catholic en español

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