A un mes de su ordenación sacerdotal, el primer sacerdote hispano ordenado para la Arquidiócesis de Detroit en 16 años espera que su historia anime a otros jóvenes a responder al llamado de Dios
DETROIT — Cuando el P. Lizandro Barba regresó a la parroquia de San Alfredo para celebrar sus primeras Misas como sacerdote, quienes llenaban las bancas no solo asistían a una celebración especial. Muchos de ellos habían sido testigos de su crecimiento en la fe, habían rezado por él durante años y lo habían acompañado en cada paso de su camino al sacerdocio.
A un mes de haber sido ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Detroit, el 23 de mayo, el P. Lizandro Barba se ha convertido en un signo de esperanza para la comunidad hispana local. Su ordenación marcó el fin de una espera de 16 años sin nuevas vocaciones sacerdotales hispanas para la arquidiócesis y, para muchos, representa también el comienzo de una nueva etapa.
"Espero que más jóvenes puedan ver que Dios también los está llamando a ellos para ser sacerdotes", dijo el P. Barba a Detroit Catholic en español. "Y que estén convencidos de que tienen apoyo en el camino, que el Señor está guiándolos".
La historia de su vocación comenzó en el seno de una familia profundamente católica. Nacido en Estados Unidos y criado en un hogar mexicano, creció participando activamente en la parroquia de San Alfredo junto a sus padres.
"Sus padres son personas muy humildes, con una fe muy viva, muy involucrados en la parroquia", afirmó el P. John Herman, actual párroco de San Alfredo. "Yo creo que su vocación vino de la fe de sus papás".
El P. Herman conoció al P. Lizandro Barba en 2023, cuando ayudaba temporalmente en la parroquia. Desde el principio quedó impresionado por su entusiasmo y por la cercanía que mantenía con la comunidad.
"Algo que me llamó mucho la atención fue el vínculo tan fuerte que tenía con la comunidad", recordó. "Era evidente el cariño y el apoyo que recibía. Había muchas personas rezando por él, animándolo y acompañándolo en su camino al sacerdocio. Me impresionó ver cómo toda una comunidad se sentía parte de su vocación".
La vocación del P. Lizandro Barba también está vinculada a una historia familiar de oración perseverante. Su abuela Mercedes rezó durante años para que hubiera un sacerdote en la familia.
"Me llena de asombro ver la mano de Dios en todo esto", dijo el P. Barba. "Si bien mi abuela falleció cuando yo era pequeño, sus oraciones y sacrificios sin dudas me ayudaron en mi vocación. Aunque no llegó a ver el fruto aquí en la tierra, espero que lo vea desde el cielo".
Para él, esa experiencia es un recordatorio de que Dios actúa incluso cuando los frutos de la oración no son inmediatos.
"Hay que ser fiel a Dios día tras día, aunque no veamos el fruto de nuestras oraciones y sacrificios", añadió. "Él los utilizará de la mejor manera, incluso para generaciones futuras".
Sin embargo, responder al llamado no fue fácil.
Uno de los mayores temores del P. Barba era dejar atrás los planes que había construido para ayudar a su familia. Mientras estudiaba, trabajaba y obtenía becas para costear su educación.
"Entrar al seminario significaba dejar eso atrás y seguir a Cristo", explicó. "Era difícil dejar todo para ver si Dios realmente me estaba llamando. Pero Él ha sido mucho más fiel de lo que imaginé".
Durante ese proceso de discernimiento, una figura resultó fundamental: el P. Charles Altermatt, quien fue su párroco durante la infancia.
"Me ayudó con el discernimiento y también a entrar al seminario", contó el P. Barba. "Me ha apoyado en cada paso del camino y estoy muy bendecido de haberlo tenido como mentor".
Tras años de formación en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón, llegó finalmente el día de la ordenación.
"Fue muy fuerte el momento de recibir el Espíritu Santo", recordó. "También fue una gran bendición que todos mis hermanos sacerdotes estuvieran allí. El Espíritu Santo es quien nos une y saber que voy a trabajar junto a ellos en la viña del Señor es algo muy especial".
Los primeros días de sacerdocio han estado marcados por la alegría.
"Celebrar la Misa y escuchar confesiones realmente me llenan del amor de Dios", reflexionó. "Muchas veces el simple hecho de recordar que soy sacerdote me llena de alegría".
Esa alegría también fue visible para quienes asistieron a sus primeras celebraciones en San Alfredo.
"Me impresionó mucho la manera en que celebró la Misa, con confianza y reverencia", comentó el P. Herman. "Pero lo que más me llamó la atención fue la alegría que había tanto en él como en los feligreses. Había mucho orgullo por él y por la parroquia".
Para la comunidad hispana de Detroit, la ordenación del P. Lizandro Barba tiene un significado que va más allá de una historia personal.
El P. Herman considera que su ejemplo puede ayudar a muchos jóvenes a descubrir que el sacerdocio es una posibilidad real.
"Si Dios llamó al P. Lizandro desde la comunidad de San Alfredo, entonces también está llamando a otros hombres", afirmó. "Muchos jóvenes hispanos pueden pensar: 'Si Lizandro puede hacerlo, tal vez yo también pueda'".
Según el sacerdote, uno de los desafíos es que muchos jóvenes nunca han conocido personalmente a un seminarista o a un sacerdote que comparta sus mismas experiencias culturales y familiares.
"Ayuda cuando pueden ver a alguien que se parece más a ellos", explicó el P. Herman.
El sacerdote recientemente ordenado comprende bien esa realidad. Aunque nació en Estados Unidos, creció en un hogar con raíces mexicanas y durante años sintió la tensión entre ambas culturas.
"Con el tiempo vi la gran bendición de poder proclamar el Evangelio y enseñar la fe católica en dos idiomas", dijo. "Tengo la capacidad de servir a dos comunidades distintas y unirlas para el mismo Señor".
Esa experiencia también le permite conectar con jóvenes que enfrentan desafíos similares.
"Creo que podré servir de una manera especial a aquellos jóvenes que han tenido experiencias parecidas a las mías", explicó.
Para el P. Herman, fomentar más vocaciones hispanas requerirá una mayor inversión en los jóvenes, más espacios de formación, más oportunidades de oración y una conversación más abierta sobre el sacerdocio dentro de las familias.
"Es importante que los padres hablen con sus hijos sobre la posibilidad de una vocación sacerdotal", afirmó. "Necesitamos sacerdotes para celebrar los sacramentos y servir a la Iglesia".
El P. Lizandro Barba comparte ese deseo. Si pudiera hablar directamente con un joven que siente inquietud vocacional, pero tiene miedo de responder, su mensaje sería sencillo.
"¡No tengas miedo!", dijo. "Si Dios te llama, Él te ayudará. Deja que Dios te convierta en el santo que te creó para ser".
Apenas un mes después de su ordenación, el nuevo sacerdote ya comienza su ministerio en una comunidad que necesita esperanza, acompañamiento y testigos de la fe. Y mientras inicia ese camino, muchos en Detroit ven en su historia algo más que una vocación cumplida: ven una invitación para que una nueva generación de jóvenes hispanos se anime a escuchar la voz de Dios.


