Seminaristas latinos de Detroit siguen formándose y discerniendo su llamado
DETROIT- Arturo Medina cursa el tercer año de filosofía dentro del seminario Mayor del Sagrado Corazón, él junto con sus compañeros han tenido meses de mucho desgaste, no solo por lo académico, sino por la ausencia de la vida en comunidad y todo lo que para ellos esto implica en esta fase de su preparación y discernimiento vocacional.
Desde las primeras semanas de la cuarentena, recuerda Arturo, los enviaron a todos a sus casas. Él se fue a la rectoría de la parroquia en la que sirve, pero el trabajo académico recuerda, fue el doble, mucho desgaste pues no estaba acostumbrado a estar frente a una computadora tanto tiempo. “Yo no soy bueno en la tecnología, pero tuve que ir aprendiendo cada vez más a las aplicaciones y el Zoom”.
Si bien una de sus ventajas fue el estar cerca del servicio en una parroquia y tener momentos de oración y la Eucaristía, el estar estudiando en línea le costó mucho trabajo.
Arturo recuerda también que la falta de sus compañeros le afectó muchísimo.
La falta del diálogo y todo lo que implica vivir en comunidad es fundamental en la vida de un seminarista y durante el confinamiento esto lo afectó mucho emocionalmente, pues hay amistad y compañerismo en la vida del seminarista.
El ayudarse los unos a los otros es fundamental para su caminar vocacional, también el conocer los avances espirituales de cada uno de ellos los va motivando, como también el orar los unos por los otros, según relata Arturo. “No teníamos la comunidad para hacer oración”.
Arturo recuerda como la tarea académica aumentó al doble, eso complicó mucho el aprendizaje ya le dolían mucho los ojos por la luz de la computadora y muchos seminaristas al regresar con sus familias para vivir el confinamiento tenían otro tipo de actividades o responsabilidades y eso no facilitaba la vida de oración de ellos sus compañeros, él en su caso, tuvo una ventaja al estar dentro de una parroquia, su oración ante el Santísimo es parte muy importante del día.
La vida en el seminario
Los seminaristas han regresado al seminario, pero han tenido muchos cambios por las medidas sanitarias, los han dividido en dos grupos para vivir la misa y celebrar las liturgias de las horas. Ya está en comunidad, pero hay un distanciamiento en las pocas actividades que ahora tienen “juntos” que para los seminaristas Latinos puede volver un poco fría la vida dentro del seminario.

Los seminaristas tienen como regla usar el tapabocas en todo momento, no hay excepciones, solo en su recámara pueden dejar de usarlo. Las salidas hacia afuera del seminario están restringidas. En los peores momentos de la pandemia y cuando repuntan los contagios afuera en el mundo los seminaristas son enviados de nuevo a cuarentena, y sus clases siguen en línea, seguirán las complicaciones, pero Arturo tiene claro que son para todos en estos tiempos, no solo para ellos.
Verano es el tiempo en el que los seminaristas son enviados a servir a comunidades y todo indica que este año también estas actividades serán canceladas. No podrán ir de misión ni servir en ninguna comunidad como el año pasado que fueron cancelados los retiros y viajes a Tierra Santa. El plan era que Arturo iría a servir este verano del 2021 a la frontera en Brownsville, Texas.
Caminar con Cristo en la pandemia
Para Arturo no todo es negativo pues esta pandemia también ha traído gracias, una de ellas es el valorar más a la familia y quienes regresaron a vivir con sus familias también eso fue una bendición. “El COVID nos ha permitido enfocarnos en lo que es verdaderamente más importante, recordar que el caminar de Cristo es el mismo caminar de nosotros, que para llegar a la Gloria, también nosotros tenemos que cargar con nuestra Cruz y confiar en la providencia de Dios”.
Lizandro José Barba recuerda que cuando empezó la pandemia a todos los seminaristas los enviaron a sus casas, algunos fueron enviados a otras diócesis o parroquias, pero él decidió pasar el confinamiento en su casa con su familia.
Toda esta experiencia era nueva para él, pues todas sus clases del seminario fueron en línea lo mismo que la dirección espiritual.
Ya en agosto regresaron los seminaristas al seminario, después acabando noviembre y a principios de diciembre tuvieron su receso de tres semanas para pasar las fiestas de fin de año con sus familias.

Aún en esas semanas en casa en diciembre, terminaron el semestre con clases en línea, juntas y reuniones virtuales los seminaristas.
Lizandro comparte que al final de cada semestre siempre los seminaristas son enviados a lugares específicos a realizar misiones o actividades de ayuda social, a él le tocaría ir al campamento Santa María.
Ahí él realizaría obra social, trabajo de mantenimiento, esto fue cancelado para en medio y en plena pandemia.
Los seminaristas regresaron en enero al seminario Mayor del Sagrado Corazón, tratan de vivir con normalidad, con las estrictas medidas restrictivas, con seis pies de distancia entre unos y otros.
Las comidas son por el momento, el único momento donde pueden estar un poco más cerca los unos a los otros, algunos juegos o dinámicas muy esporádicas las viven en las afueras en los jardines y patios sin dejar los tapabocas y los seis pies de distancia.
El frío invierno se siente también en la distancia humana, pero ellos se van adaptando.
Este semestre han empezado las clases desde sus cuartos todo en línea, confinados dentro del seminario todos en sus cuartos y desde ahí toman las clases en línea.
Las medidas incluyen no conversar tampoco en los pasillos para evitar contagios.
Según comparte Lizandro, ya la próxima semana sus clases serán de nuevo en aula en el salón de clases, volverán un poco a la normalidad si las autoridades lo permiten y sus superiores lo consideran viable.
Para ellos la fraternidad es muy importante para ir discerniendo la llamada vocacional, la pandemia cambió las reglas y la fraternidad causó un distanciamiento pues los seminaristas no tuvieron muchas de las reuniones ni actividades que antes tenían.

Pero a pesar del distanciamiento para evitar contagios los seminaristas se las han ideado para poder seguir viviendo en comunidad sin romper las reglas, son tiempos de adaptarse y ellos son creativos y realizan esfuerzos por seguir su vida en comunidad a pesar de las restricciones.
A pesar de lo molesto que para algunos es el tapabocas, la oración ha continuado dando sus frutos. Los seminaristas no han dejado de tener sus tiempos con el Señor, ya que un seminarista sin vida de oración está destinado al fracaso.
“Uno se adapta a todo por la Gracia del Señor, hay que darnos al Señor, ser como la Virgen María, a pesar de todo Él está con nosotros, con esta actitud, hemos podido aceptar las reglas sanitarias, la distancia, la molesta mascara o tapabocas, porque vemos que estar aquí es para el Señor, cuando uno entra al seminario uno acepta que está dispuesto a hacer lo que Dios quiere y escuchar la voz de Dios”, comenta a Detroit Catholic en español Lizandro.
Para Lizandro también las clases le han traído complicaciones pues él prefiere estar presente en el salón de clases y no las clases en línea desde su cuarto, pero él se adapta y aprende con gusto.
La vida de los seminaristas continúa porque los planes de Dios no se detienen y las vocaciones sacerdotales ahora son más necesarias que nunca, los seminaristas y sus familias se están esforzando por vivir el llamado de Dios a pesar de la pandemia, el llamado a orar por ellos es permanente porque este tiempo ha sido de prueba y muchos, por razones muy diversas, han dejado de caminar hacia el sacerdocio.


