La fiesta anual en la Basílica de Ste. Anne fue una ocasión para celebrar la primera Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores
DETROIT - El Arzobispo Allen H. Vigneron se reunió con feligreses provenientes de toda la Arquidiócesis de Detroit para celebrar a la patrona de la ciudad el 26 de julio en la Basílica de Ste. Anne.
Celebrando la misa en una parroquia cuyas raíces se remontan a la fundación de la ciudad en 1701, el arzobispo dio la bienvenida a los feligreses de Ste. Anne y a todos los invitados en lo que fue una de las asistencias más grandes a la parroquia desde que el Papa Francisco la nombró basílica menor el 1 de marzo de 2020.
La Misa incluyó una lectura del libro de Eclesiástico del Antiguo Testamento: “Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión”.
Fue un recordatorio apropiado de cómo es bueno honrar a los Santos Ana y Joaquín, los padres de María y abuelos de Jesús, quienes nos enseñan lo que significaba ser una devota familia judía.

“¿Cuáles son las razones para venerar a los Santos Ana y Joaquín? ¿Qué lecciones podemos sacar en nuestras vidas de su ejemplo?”, preguntó el arzobispo en su homilía. “El Papa declaró ayer el Día de los Abuelos, el domingo más cercano a la fiesta de Joaquín y Ana. Al hacerlo, el Papa nos está ayudando a pensar en algo en la vida de Ana y Joaquín”.
El arzobispo destacó el papel de "reciprocidad" de los abuelos, diciendo que son ellos quienes transmiten las tradiciones, los recuerdos y las costumbres familiares que dan identidad a una familia. Son los abuelos quienes tienen la tarea de mostrar a sus nietos el “cómo se hacen las cosas correctamente”, agregó el arzobispo.
“¿Quién le enseñó a hablar a Jesús o lo que estaba bien y lo que estaba mal, aunque Él desde siempre sabía diferencia el bien del mal? “¿Quién le enseñó cómo una piadosa familia judía observaba el Sabbath? Fueron María y José, pero, ¿cómo supo estas cosas María? Porque lo aprendió de Santa Ana y San Joaquín".

Para los muchos abuelos de la congregación, fue reconfortante escuchar sobre el papel que jugaron Joaquín y Ana en la formación de Jesús y, posteriormente, el papel que tienen en la formación de sus propios nietos.
“La homilía de esta noche me dio mucho que pensar y me hizo reflexionar sobre lo importante que es la idea de reciprocidad y seguir transmitiendo lo que se nos ha dado”, dijo Judith Jones, feligrés de St. Paul en el Lake en Grosse Pointe Farms, a Detroit Catholic.
"Estaba pensando en cómo tenemos un enorme tesoro en nuestra fe, y la idea de que tenemos que transmitirlo", continuó Jones, quien se convirtió en abuela el 14 de julio. "Formamos la próxima generación, y esto continúa a través del tiempo. Cuando entras por las puertas de Ste. Anne, tienes la idea de que esta (parroquia) ha estado aquí durante tanto tiempo, desde el comienzo de nuestra ciudad. Es un legado increíble que transmitir".
La fiesta de Santa Ana se ha convertido en una celebración anual en la basílica, coronando una novena en la iglesia construida en 1886, la octava en los 320 años de historia de la parroquia.

La novena presenta misas celebrando diferentes comunidades en la Arquidiócesis de Detroit, incluyendo franceses, nativos americanos, celtas, latinos, caldeos, africanos, asiáticos y de Europa del Este.
Personas de toda la arquidiócesis se reúnen para tener la oportunidad de venerar la reliquia de Santa Ana, desde la distancia este año debido a las restricciones de COVID-19, y para rezar en el santuario arquidiocesano de Santa Ana dentro de la basílica.
"Trato de venir todos los años para la novena, pero desafortunadamente no pudimos hacerlo el año pasado", dijo Pat Perrell, feligrés de St. Lawrence en Utica. “Este año, vinimos para la noche española, la noche polaca y en esta noche (la solemnidad). Disfrutamos de la comunidad y de poder adorar juntos como familia. Es genial ver a todas las diferentes comunidades, las diferentes etnias en nuestra comunidad, unirse en nuestra fe en Dios".

Después de la Misa, monseñor Charles Kosanke, el rector de la basílica, entregó al arzobispo un rosario de la familia Ghirelli traído del Vaticano con imágenes del edificio de Ste. Anne de Detroit, del santuario arquidiocesano de Ste. Anne, de las mujeres en la crucifixión, del umbraculum de la basílica, del paraguas papal que significa el título de una iglesia como basílica, y también con una imagen del padre Gabriel Richard.
El arzobispo agradeció a la parroquia por el regalo y animó a todos los presentes a usar sus vidas para dar testimonio de Cristo, tal como lo hicieron Santa Ana y San Joaquín.
“Están llamados a mostrar una forma de vida que la próxima generación recibirá y compartirá con la próxima generación”, dijo el Arzobispo Vigneron, hablando específicamente a los abuelos de la congregación. “El mundo tiene hambre de una forma de vida de arrepentimiento... Hagan que la respuesta a la voluntad de Dios para ser instrumentos de gracia en la vida de los demás sea parte de la celebración de esta fiesta”.


