Oración para pedirle a la Virgen María que te cubra con su manto

Oración a la Virgen de Guadalupe para pedir que te cubra con su santo manto / Foto: Desde la fe

Una oración para pedirle a la Virgen por protección es algo que da mucha paz. Millones de fieles le pedimos todos los días a la Santísima Virgen de Guadalupe que nos cubra bajo su santo manto. Lo hacemos con oraciones como Bajo tu amparo o con frases tan sencillas como: “Virgen de Guadalupe, cúbreme bajo tu manto”.

Se trata de una petición que expresa una fe profunda, una esperanza plena y un verdadero amor en la Virgen Morena.

Porque confiamos en que nos protegerá así como protegió a su Hijo en su Inmaculado vientre, como Arca viviente de la Alianza, como Tabernáculo bendito.

Confiamos en que nos protegerá como lo ha hecho también en los acontecimientos más importantes de los pueblos, especialmente en los momentos llenos de dolor y de angustia.

Confiamos en que nos cobijará porque Ella misma nos lo dijo:“¿Acaso, no estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre? ¿Acaso, no estás bajo mi protección y resguardo? ¿Acaso, no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Acaso, no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” (Nican Mopohua, v. 119)

La siguiente oración resume esa esperanza grande y la confianza que tenemos en Ella; porque sabemos que Jesús, por medio de su Madre y Madre nuestra, escucha nuestro llanto, nuestra tristeza y nuestras necesidades de protección.

Oración para pedirle a la Virgen de Guadalupe

Santa María de Guadalupe,
cúbreme bajo tu santo manto protector;
no permitas que el maligno me haga daño
ni mi enemigo me lastime.

Morenita del Cerro del Tepeyac,
permíteme regresar con bien a casa,
cobíjame bajo tu manto de estrellas
para que no sufra ningún accidente.

Madre del verdadero Dios por quien se vive,
guárdame de las insidias y de los chismes;
de las malas amistades y de los problemas;
de las mentiras y las tentaciones.

Emperatriz de América,
tómame y resguárdame en tu regazo,
para superar cualquier dificultad,
siempre para gloria de tu Hijo Jesucristo.

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Este artículo fue publicado originalmente en Desde la fe



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