En el primer domingo de Cuaresma, el Papa invitó a los fieles a vivir este tiempo de gracia como un itinerario de oración, ayuno y limosna al tiempo que llamó a renovar la relación con Dios para que lo que, según dijo, es necesario apagar "los televisores, la radio y los smartphone".
“Apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros”, exhortó el Santo Padre durante el Ángelus de este domingo.
León XIV se asomó para el rezo dominical a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico del Vaticano, tras celebrar Misa en una iglesia a escasos metros de la estación Termini, un barrio de la capital italiana modesto donde conviven romanos de toda la vida con inmigrantes llegados de todo el mundo.
El Papa también pidió dedicar tiempo "a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos". "Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario”, instó.
Refiriéndose al significado de la Cuaresma, León XIV explicó que se trata de “un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible”.
Según el Pontífice, este camino permite “eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar” y comprometerse a “hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera”.
Al comentar el Evangelio de este domingo que describe el momento en el que Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto, el Papa señaló que allí “siente el peso de su humanidad" tanto "el hambre a nivel físico" como "las tentaciones del diablo a nivel moral”.
Así, advirtió sobre las tentaciones que enfrentamos en nuestro día a día: “Existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder".
El Papa constató que estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que "pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos”.
Invitando a la práctica concreta de la penitencia, el Pontífice recordó la enseñanza de san Pablo VI: “La penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte ‘que tiene como término el amor y el abandono en el Señor’”.
León XIV hizo asimismo un llamado muy concreto a simplificar la vida diaria y dar espacio al encuentro con Dios: Citando a san Agustín, concluyó que “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz”.
Finalmente, el Papa confió a la Virgen María el camino cuaresmal de los fieles: “A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal”.
- Esta nota fue publicada originalmente por ACIPRENSA.


