Comisión Teológica del Vaticano advierte sobre la posibilidad de sustituir a Dios por un 'mundo gobernado por máquinas'

Una foto de archivo muestra a los robots humanoides Zora Bots bailando en el stand de la exposición Marriott en la Feria Internacional de Turismo de Berlín. (Foto CNS/Fabrizio Bensch, Reuters)

ROMA (OSV News) -- La Comisión Teológica Internacional del Vaticano advierte que, si la humanidad deposita una confianza total en la tecnología en un "mundo gobernado por máquinas", corre el riesgo de sustituir al "Dios vivo" por un "Dios virtual" falso.

La evaluación se publicó en un nuevo y exhaustivo documento el 4 de marzo, que examina cómo la inteligencia artificial, el transhumanismo y otros avances tecnológicos pueden representar profundos riesgos para la identidad y la dignidad humanas. El documento busca proponer una respuesta basada en la antropología cristiana y el Evangelio.

El documento de 48 páginas, titulado "¿Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad", se publicó en italiano y español tras ser aprobado por el Papa León XIV. Su título en latín --que significa "¿Adónde vas, humanidad?"-- evoca la pregunta que, según la tradición, se le hizo a San Pedro antes de su crucifixión en Roma. Posteriormente, el Vaticano publicó traducciones en inglés y portugués.

"En este momento del siglo XXI la familia humana se encuentra ante interrogantes tan radicales que llegan a amenazar incluso su existencia tal y como la hemos conocido hasta ahora", afirma el documento.

"La irrupción de un desarrollo científico y técnico sin precedentes en la historia del planeta debe ir acompañada de un crecimiento correspondiente en la responsabilidad, que oriente el progreso hacia el bien del ser humano, porque hoy se expone a riesgos nunca imaginados".

El documento, escrito por una subcomisión que se reunió entre 2022 y 2025 y aprobado por unanimidad en la sesión plenaria de 2025 de la comisión, fue escrito para conmemorar el 60 aniversario de "Gaudium et Spes", la histórica Constitución pastoral del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo moderno.

La comisión dedicó considerable atención a la inteligencia artificial (IA), describiéndola como una tecnología capaz de "sustituir todos los aspectos computacionales y operativos de la inteligencia humana " y advirtiendo que su rápido desarrollo a veces se produce "sin la prudencia derivada del reconocimiento sabio de que el bien requiere siempre un límite y una proporción adecuado".

El documento planteó especial preocupación por la toma de decisiones automatizada mediante IA en áreas sensibles, cuestionando el uso de algoritmos para "las decisiones sobre prestar o no cuidados médicos, conceder préstamos o hipotecas, garantizar seguros, o también sobre la instrucción de causas penales en los tribunales o la evaluación de la conducta de los presos y las posibles reincidencias con vistas a reducciones de condena, o sobre las decisiones para un ataque militar o para intervenciones de las fuerzas del orden".

En cuanto a las redes sociales y los profundos cambios en las comunicaciones de masas que trajo internet, la comisión reconoció beneficios como una información más directa y participativa a nivel social y político, pero advirtió que las plataformas con demasiada frecuencia generan contactos "sin vínculos, relaciones funcionales sin solidaridad real, en un mercado infinito de noticias y datos personales, no siempre verificables y muchas veces manipulado".

El documento también advirtió que "los buscadores espirituales a menudo depositan una confianza indiscriminada en los motores de búsqueda en línea, haciendo superfluas las mediaciones humanas de lo sagrado, sustituidas por lo digital", hasta incluyendo solicitudes de bendiciones virtuales, exorcismos y "espiritismo digital".

Las tendencias que afirman salvar a la humanidad mediante la tecnología impactan en última instancia "la relación con el Misterio del origen y del fin último de la vida humana", dice el documento.

En esta foto de archivo del 14 de junio de 2025, el Papa León XIV saluda a las personas mientras sostienen los móviles para tomar fotos y vídeos al entrar en la Basílica de San Pedro para una audiencia con peregrinos en Roma durante el Año Santo 2025. (Foto CNS/Lola Gomez)
En esta foto de archivo del 14 de junio de 2025, el Papa León XIV saluda a las personas mientras sostienen los móviles para tomar fotos y vídeos al entrar en la Basílica de San Pedro para una audiencia con peregrinos en Roma durante el Año Santo 2025. (Foto CNS/Lola Gomez)

"Cuando el ser humano reduce la naturaleza creada (persona, cosmos) a materia que se puede transformar, deja de manifestar la gloria del Creador, y lo sustituye. Lo mismo sucede cuando la tarea de dar sentido a la existencia e indicar el fin último viene a identificarse con la implementación de las potencialidades tecnológicas", afirma.

"En este contexto, las tradiciones religiosas y espirituales tienen algo esencial e irrenunciable que aportar por lo que se refiere a la sabiduría de la vida en relación con Dios", añade.

Los avances en biotecnología, neurociencia, mapeo de ADN, farmacología y robótica han transformado la forma en que los seres humanos perciben y se relacionan con sus propios cuerpos, señaló la comisión. Si bien reconoce los beneficios reales para la salud que estos avances han producido, el documento advierte contra "las tendencias que reducen el cuerpo a material biológico que se puede potenciar, transformar o remodelar a placer, con el sueño de alcanzar condiciones de existencia capaces de evitar el dolor, el envejecimiento y la muerte".

En Occidente, en particular, señala la comisión, los avances en cirugía estética, combinados con tratamientos hormonales y fármacos para la mejora cognitiva, han fomentado un culto al cuerpo, marcado por "búsqueda convulsiva de una figura perfecta, que se mantenga siempre en forma, joven y bella".

El documento también analiza el concepto de "human enhancement " ("mejora humana"), definido como el uso de tecnologías biomédicas, genéticas, farmacológicas y cibernéticas para mejorar las capacidades físicas, cognitivas o sensoriales humanas más allá de los niveles normales. Sus aplicaciones van desde prótesis avanzadas y dispositivos electrónicos implantados en el cuerpo, pasando por fármacos para mejorar el rendimiento en contextos deportivos, laborales y militares, hasta técnicas de fertilización artificial.

La crítica más aguda del documento se dirige al transhumanismo y al posthumanismo, a los que presenta como desafíos culturales para la antropología cristiana.

El transhumanismo, definido como el movimiento filosófico que cree que la ciencia y la tecnología pueden y deben superar las limitaciones biológicas, como el envejecimiento y la muerte, se describe como una perspectiva marcadamente antropocéntrica, que suscribe una visión ideológica e ingenuamente acrítica del progreso científico y tecnológico. Su búsqueda utópica de la inmortalidad individual, apoyada por la tecnología, afirma el documento, puede interpretarse como la expresión existencial de una presunción ingenua y arrogante.

El posthumanismo, que cuestiona la singularidad del ser humano y concibe una frontera fluida entre lo humano y la máquina, incluyendo un mundo con "cyborgs", se caracteriza como "una expresión existencial de fuga de la realidad, a partir de una radical devaluación de lo humano".

El documento vincula ambos movimientos con lo que el Papa Francisco ha llamado " neognosticismo", una mentalidad que busca liberar a la persona del cuerpo, el cosmos y la historia, reduciendo la naturaleza creada a un "material biológico que se puede modificar".

Los sueños del transhumanismo y el posthumanismo pretenden simplificar las tensiones que atraviesan la experiencia humana, escribe la comisión. "Pero esos proyectos, bien mirado, aparecen como deshumanizadores".

Frente a estas tendencias, la comisión propone el concepto de la vida como vocación: recibirse como don, compartirlo con los demás y reconocer su origen trascendente en Dios.

"La propuesta antropológica y cultural del cristianismo remite, hoy más que nunca, a una concepción de la vida como vocación, que hace posible un modo humano de habitar el tiempo y el espacio", dice el documento, calificando esta visión de "un juicio profético sobre los aspectos más inquietantes" del transhumanismo y el posthumanismo.

"El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre", afirma.

La comisión concluye con un llamado a mantener a los pobres en el centro de cualquier análisis del desarrollo tecnológico, advirtiendo que sus beneficios recaen desproporcionadamente sobre los poderosos y que los más débiles corren el riesgo de convertirse en "'daños colaterales', barridos sin piedad".

Citando al Papa León XIV, afirma que el amor de Cristo muestra "la dignidad de cada ser humano" y llama a los cristianos a actuar como "humildes centinelas" atentos a las consecuencias que los nuevos avances puedan tener para la vida de los menos afortunados.

"Lo que necesita la familia humana", dice el documento, "y en ella cada persona que busca su verdadera identidad, no es un salto evolutivo que supere la condición actual, sino más bien una relación salvífica que haga significativa y bella la aventura de realizarse plenamente a sí misma. En este sentido hablamos de humanidad salvada, es decir, respetada en su carácter de don de Dios, y no sustituida".

"El encuentro con lo humano de Jesucristo ilumina nuestra humanidad y nos revela a nosotros mismos", añade. "Ante todo, nos devuelve el sentido de nuestra libertad frente a la llamada del Creador, al tiempo que cumple nuestra vocación de participar en la plenitud escatológica de Su vida resucitada".



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