ROMA (OSV News) -- Bajo los pinos del Monte Aventino, el Papa León XIV encabezó el 18 de febrero una solemne procesión penitencial hasta la basílica más antigua en Roma, marcando el primer Miércoles de Ceniza de su pontificado con un llamado al arrepentimiento por los pecados de los individuos, las instituciones y la propia Iglesia, algo que refleja una actitud "contracorriente".
Sacerdotes, obispos y cardenales entonaron la Letanía de los Santos mientras la procesión se dirigía desde la basílica benedictina de Sant'Anselmo hasta la antigua basílica dominicana de Santa Sabina, donde el Papa celebró la Misa del Miércoles de Ceniza.
"Qué raro es encontrar adultos que se arrepienten, personas, empresas e instituciones que admiten haber cometido un error", dijo el Papa León en su homilía en la basílica de Santa Sabina.
Durante la Cuaresma, dijo, "toma forma un pueblo que reconoce sus propios pecados, es decir, que el mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha entrado en los corazones, está en el interior de la propia vida y debe asumirse con valiente responsabilidad".
El Papa León reconoció que "se trata de una actitud contracorriente", pero "constituye una alternativa auténtica, honesta y atractiva", especialmente en nuestros tiempos, en los que es "tan natural declararse impotente delante de un mundo que arde".
En su homilía, el Papa señaló a los jóvenes como un signo inesperado de apertura en la actualidad.
"No es casualidad que muchos jóvenes, incluso en contextos secularizados, sientan más que en el pasado, el llamamiento de este día, Miércoles de ceniza", observó el Papa León. "Son los jóvenes, de hecho, los que perciben claramente que es posible una forma de vida más justa y que existen responsabilidades por aquello que no funciona en la Iglesia y en el mundo".
Hizo un llamamiento a los fieles para que abracen "el alcance misionero de la Cuaresma", no como una distracción de la conversión personal, sino "para abrirlo a tantas personas inquietas y de buena voluntad, que buscan caminos para una auténtica renovación de la vida, en el horizonte del Reino de Dios y de su justicia".
El Papa León recibió las cenizas esparcidas sobre su cabeza según la costumbre italiana antes de imponerlas a los cardenales y a algunos de los fieles presentes.
Podemos "sentir, en las cenizas que se nos imponen, el peso de un mundo que arde en llamas, de ciudades desintegradas completamente por la guerra", dijo.
Esto también se refleja en "del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y de la concordia entre las personas, las cenizas del pensamiento crítico y de la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en toda criatura", añadió el Papa León.
El Papa recordó que hace 60 años, en el Miércoles de Ceniza tras la clausura del Concilio Vaticano II, San Pablo VI había advertido del "pesimismo fundamental" del mundo moderno y su tendencia a proclamar "la ineludible vanidad de todas las cosas, la inmensa tristeza de la vida, la metafísica de lo absurdo y de la nada".
"Hoy podemos reconocer la profecía que contenían estas palabras", añadió el Papa León.
El Papa también reflexionó sobre el significado de la tradición de las estaciones penitenciales de Cuaresma, en la que los peregrinos rezan ante las tumbas de los primeros mártires cristianos de Roma. La basílica de Santa Sabina, donde el Papa León celebró la Misa, es la primera iglesia de la peregrinación romana de las estaciones penitenciales. La basílica data del año 422 d. C.
"Los mártires antiguos y contemporáneos brillan como pioneros de nuestro camino hacia la Pascua", dijo el Santo Padre. "La antigua tradición romana de las stationes cuaresmales --de las cuales la de hoy es la primera-- es educativa: remite tanto al movimiento como peregrinos, cuanto a la parada --statio-- ante las ‘memorias’ de los mártires, sobre las que se levantan las basílicas de Roma".
"¿No es acaso una invitación a seguir las huellas de los admirables testimonios que ahora se encuentran diseminados por todo el mundo?", añadió.
El Miércoles de Ceniza marca el inicio de los 40 días de Cuaresma, durante los cuales los cristianos están llamados a la oración, el ayuno y las obras de caridad. La Cuaresma concluye con el Triduo Pascual.
"Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya un presagio y un testimonio de resurrección. Significa, en efecto, no quedarnos entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir", dijo el Papa León.
"Entonces, el Triduo Pascual, que celebraremos como culminación del camino cuaresmal, desplegará toda su belleza y su significado", afirmó. "Lo hará habiéndonos involucrado, a través de la penitencia, en el paso de la muerte a la vida, de la impotencia a las posibilidades de Dios".


