Según el arzobispo, la ceniza no es un gesto para presumir, sino una invitación a la conversión

El arzobispo Edward J. Weisenburger impone la ceniza durante la celebración de su primer Miércoles de Ceniza como arzobispo de Detroit, el 18 de febrero en la parroquia St. Aloysius. (Fotos de Valaurian Waller | Especial para Detroit Catholic)

Feligreses de la parroquia St. Aloysius deciden desconectarse de las redes sociales en esta Cuaresma para profundizar su relación con Dios, mientras la Iglesia inicia 40 días de ayuno y oración

DETROIT — El 18 de febrero, el arzobispo Edward J. Weisenburger celebró por primera vez el Miércoles de Ceniza con los fieles de Detroit en la parroquia St. Aloysius.

En su homilía, explicó que recibir la ceniza como preparación para los 40 días de reflexión que conducen a la celebración de la Pascua forma parte del “ADN” católico.

“Hay quienes, creo yo, acusan muy falsamente al catolicismo de ser una religión excesivamente centrada en el pecado”, afirmó el arzobispo Weisenburger en su homilía. “Hay 365 días en el año. Cuarenta de ellos están dedicados a reflexionar sobre el pecado, la conversión constante y el cambio; no me parece que eso sea una obsesión”.

Asimismo, recordó el significado histórico de la imposición de la ceniza al inicio de la Cuaresma como signo de arrepentimiento por los propios pecados.

El P. Sal Palazzolo bendice a una niña durante la Comunión en la Misa del Miércoles de Ceniza en la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit, el 18 de febrero.
El P. Sal Palazzolo bendice a una niña durante la Comunión en la Misa del Miércoles de Ceniza en la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit, el 18 de febrero.
Un hombre ora en el nivel superior de la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit, el Miércoles de Ceniza, 18 de febrero.
Un hombre ora en el nivel superior de la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit, el Miércoles de Ceniza, 18 de febrero.

En los primeros siglos de la Iglesia, quienes cometían un pecado grave de manera pública —escandalizando a la comunidad— manifestaban su arrepentimiento vistiendo ropas humildes como signo de penitencia y permitiendo que el obispo derramara ceniza sobre sus cabezas.

La penitencia podía extenderse durante un año o incluso varios. Una vez cumplida, el Jueves Santo el obispo les concedía la absolución y toda la comunidad los recibía nuevamente.

Más tarde apareció Carlomagno, emperador del Sacro Imperio Romano entre los años 800 y 814.

“Carlomagno no había cometido un pecado grave público en ese sentido, pero adoptó este gesto como expresión de piedad personal”, explicó el arzobispo Weisenburger. “Y lo que hace el emperador, todos quieren hacerlo; en menos de una década, la mitad de la población católica estaba practicándolo”.

Ante esto, la Iglesia, con prudencia, decidió limitar la imposición de la ceniza a los 40 días previos a la Pascua y reducir el gesto a una simple marca en la frente, en lugar de derramar un puñado de ceniza sobre la cabeza del penitente.

El arzobispo Weisenburger distribuye la Comunión durante la Misa del Miércoles de Ceniza en la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit.
El arzobispo Weisenburger distribuye la Comunión durante la Misa del Miércoles de Ceniza en la parroquia St. Aloysius, en el centro de Detroit.

A pesar de los cambios en la forma de practicarlo, el significado de este gesto de piedad permanece intacto.

“Vivimos en una cultura occidental que se resiste a reconocer que los buenos tiempos no duran para siempre. Y, sin caer en algo sombrío, reflexionamos sobre una verdad: que algún día esta vida llegará a su fin”, dijo el arzobispo Weisenburger. “Es algo saludable tanto en lo emocional como en lo espiritual, y la Iglesia nos lo propone cada año en este día”.

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, un tiempo que tradicionalmente se vive a través de la oración, el ayuno y la limosna.

Detroit Catholic conversó con algunos asistentes a la Misa sobre sus propósitos cuaresmales y cómo desean acercarse más a Dios durante estos 40 días.

“Este año voy a dejar las redes sociales y me estoy proponiendo seriamente levantarme a las 5:30 de la mañana para tener un momento de silencio antes de empezar el día”, comentó Claire Mutone, feligresa de la parroquia St. Aloysius. “Además, quiero sumar a mi rutina la lectura diaria de las Escrituras y también de un libro llamado The Catholic Worker”.

El nivel principal de la parroquia St. Aloysius estaba casi lleno mientras feligreses y otras personas que no pertenecen a la comunidad parroquial se reunían para la Misa de las 12:15 p.m. en esta iglesia del centro de la ciudad.
El nivel principal de la parroquia St. Aloysius estaba casi lleno mientras feligreses y otras personas que no pertenecen a la comunidad parroquial se reunían para la Misa de las 12:15 p.m. en esta iglesia del centro de la ciudad.

Corrien Sabuda, feligresa de la parroquia St. Aloysius que ingresó a la Iglesia en 2024, también se ha comprometido a dejar las redes sociales durante la Cuaresma, desconectándose del mundo digital para estar más en sintonía con el mundo natural.

“Las redes sociales son algo que no necesito en mi vida en este momento”, afirmó Sabuda. “Han tenido un impacto negativo en mi vida espiritual porque permito que me provoquen con contenidos diseñados para generar enojo, y termino dejándome llevar por lo mal que están las cosas en el mundo. Lo que realmente quiero es concentrarme en fortalecer mi relación con el Señor”.

Destinar un tiempo específico del año litúrgico para acercarse más a Dios permite a los fieles hacer una especie de renovación espiritual, agregó Mutone, recordando que incluso en el Evangelio Jesús —al igual que los profetas— se retiraba al desierto para estar más cerca de Dios.

“Cuando pensamos en la Cuaresma, pensamos en la seriedad de tomarnos un tiempo para estar verdaderamente unidos y comprometidos con el Señor”, señaló Mutone. “En medio del ritmo acelerado de cada día, olvidamos cómo vivir la pasión del Señor y sus días en el desierto. Pero la Cuaresma nos ayuda a centrarnos más en eso, a recordar de manera intencional las obras del Señor”.

El arzobispo Weisenburger explicó que el gesto externo de llevar la ceniza no es una muestra de orgullo ni de hipocresía —como las que Jesús condena en el Evangelio—, sino un signo de que los fieles recuerdan que son pecadores y que necesitan la misericordia de Dios.
El arzobispo Weisenburger explicó que el gesto externo de llevar la ceniza no es una muestra de orgullo ni de hipocresía —como las que Jesús condena en el Evangelio—, sino un signo de que los fieles recuerdan que son pecadores y que necesitan la misericordia de Dios.
“When we leave this church today marked with those ashes, what we’re telling the world is we’re not better than them, we’re exactly like (them), and how wonderful it would be if (they) would come along with us,” Archbishop Weisenburger said.
“When we leave this church today marked with those ashes, what we’re telling the world is we’re not better than them, we’re exactly like (them), and how wonderful it would be if (they) would come along with us,” Archbishop Weisenburger said.

El arzobispo Weisenburger reflexionó sobre el pasaje del Evangelio según san Mateo, en el que Jesús exhorta a sus discípulos a no descuidar su aspecto mientras ayunan y a dar limosna en secreto.

“El Evangelio de hoy nos habla de hacer todo en silencio y en lo escondido, y sin embargo salimos con una gran marca de ceniza en la frente”, dijo el arzobispo Weisenburger. “A lo largo del Evangelio, Jesús no condena los gestos proféticos que forman parte de la práctica religiosa. Lo que condena es la hipocresía, esa actitud de ‘mírenme, ¿no soy especial?, ¿no soy maravilloso?, ¿no soy, al final, mejor que ustedes?’”.

“Cuando salgamos hoy de esta iglesia marcados con la ceniza, lo que estamos diciendo al mundo es que no somos mejores que ustedes; somos iguales. Y qué hermoso sería que también ustedes se animaran a caminar con nosotros”, añadió el arzobispo Weisenburger. “Reconocemos que necesitamos a Dios. Reconocemos que un día nuestra vida llegará a su fin. Reconocemos que Dios nos ama, nos ha redimido y camina con nosotros en cada momento de nuestra vida”.



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