En una emotiva misa transmitida por internet, el Arzobispo Vigneron se compromete a construir una gruta de Nuestra Señora de Lourdes como un ‘recordatorio perpetuo’ de su cuidado.
Ante una Catedral del Santísimo Sacramento que estaba físicamente vacía, pero llena de oraciones, esperanza y miles de almas a lo largo del area metropolitana de Detroit, el Arzobispo Allen H. Vigneron confió la protección de la Arquidiócesis de Detroit durante la crisis del coronavirus a la Santísima Virgen María.
En el tercer domingo de cuaresma, el Arzobispo Vigneron habló directamente a los corazones y a los hogares de los católicos a lo largo de la arquidiócesis quienes — a muchos por primera vez en sus vidas — se les ha pedido quedarse en casa y no asistir a la misa dominical.
El arzobispo celebró la misa transmitiendo en vivo para todos los fieles, con tan solo dos sacerdotes concelebrando, y la presencia de los lectores, acólitos, miembros del coro y los camarógrafos, asegurándoles a los televidentes de sus oraciones y que Dios está escuchando.
“Antes de darles mi reflexión, quiero asegurarles a aquellos que están escuchando a través de la transmisión en vivo, que estoy unido a todos ustedes en oración.” Dijo el Arzobispo Vigneron, “Es de hecho una gran tristeza que, para mitigar el avance del coronavirus, no podamos tener una celebración pública de la sagrada liturgia el día de hoy. Pero es para nosotros una bendición, estar al menos unidos en oración a través de este medio. Por lo tanto, les aseguro que pongo todas sus intenciones en el altar”.
El Viernes, el arzobispo anunció la suspensión de todas las misas públicas a lo largo de la Arquidiócesis de Detroit como respuesta a la rápida propagación del virus COVID-19.
Conforme se va desenvolviendo la pandemia, más de 30 personas en Michigan han sido diagnosticadas con el virus, los expertos de la salud nos advierten que si no se hace nada para ayudar a contenerlo, el virus podría fácilmente sobresaturar los hospitales y los centros de salud del país, llegando a consecuencias graves como las vistas en Italia, en donde se le ha forzado a los doctores a racionar el cuidado de los pacientes y no atender a los pacientes en etapa crítica.

En sus diez minutos de homilía, el Arzobispo Vigneron imploró a los fieles que se mantengan cerca de Cristo y de su madre durante esta crisis, que hagan diariamente una comunión espiritual, y que utilicen este tiempo en que no se puede asistir a misa para “renovar nuestra gratitud por la Eucaristía”.
Reflexionado sobre el evangelio del día, acerca de la mujer samaritana en el pozo, el Arzobispo Vigneron dijo que la sed de Jesús y su promesa subsiguiente de darse Él mismo como “agua viva” refleja la sed que ahora experimentan los fieles por la Sagrada Comunión.
“Experimentamos hoy día, de manera ponderosa, la sed que no podemos saciar físicamente. No podemos reunirnos para compartir la Eucaristía”, dijo el Arzobispo Vigneron. “En este año de gracia 2020, sentimos un tipo de sed por la Comunión sin precedentes, nuestra sed por el agua viva. Estamos sufriendo.”
“Pero somos discípulos de Cristo, y reconocemos que la historia se desarrolla de acuerdo al providencial señorío de Dios,” continuó el arzobispo. “Necesitamos, entonces, buscar la gracia que se nos ofrece en esta cruz que estamos experimentando, de estar sin celebración de la Eucaristía de manera pública en estos días.”

El hecho de no poder juntarnos a celebrar la misa, dijo el Arzobispo Vigneron, “tendrá como efecto creo, que todos nosotros llegaremos a tener una nueva y profunda apreciación de la bendición que es la Sagrada Eucaristía, una bendición que muchas veces la damos como un hecho. Necesitamos tomar la decisión de no acostumbrarnos a esta ausencia de la celebración de la Sagrada Eucaristía en público.”
Además de tener un eco en la catedral, la liturgia procedió como de costumbre, con la ausencia notable de la señal de la paz y la recepción de la Comunión —la cual se reservó solo al arzobispo y a sus dos sacerdotes concelebrantes, el rector de la catedral el padre J.J. Mech y el padre Mario Amore, párroco de la Parroquia de St Aloysius en el centro de Detroit.
Durante el momento en que los fieles normalmente recibirían la Comunión, el Arzobispo Vigneron volteó hacia las cámaras y dirigió a la arquidiócesis en una oración de comunión espiritual.
Esta práctica antigua y piadosa es una manera en que los fieles pueden “pedir al Señor Jesús que nos dé las gracias que tendríamos si pudiéramos recibir su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad sacramentalmente,” dijo el Arzobispo Vigneron.

“Le pedimos a Dios que trabaje en nuestros corazones, que el Espíritu Santo obre dentro de nosotros lo que Él haría si pudiéramos recibir el sacramento,” dijo. “Así es que, les invito a todos, por favor a que cada domingo, mientras que estén suspendidas nuestras reuniones públicas, a que hagan una comunión espiritual.”
El Arzobispo Vigneron invitó a las familias a hacer la oración diaria junto con la lectura de las Escrituras y otras prácticas piadosas.
Finalmente, el arzobispo imploró a los fieles a poner su confianza en la protección de la Santísima Virgen María durante esta pandemia del coronavirus.

Con ojos llenos de lágrimas y voz quebrada, el Arzobispo Vigneron dijo, “Trabajaré para que se construya aquí, en los terrenos de la catedral, una gruta de Nuestra Señora de Lourdes, y que sea un recordatorio duradero y perpetuo para todos nosotros que, en este momento de prueba, Nuestra Señora está con nosotros,” dijo el Arzobispo Vigneron. “Dios nos la dio a ella como compromiso de Su cercanía, de que nos protegerá, y de que no tenemos nada que temer.”
Como una manera de invocar la protección de la Santísima Virgen, el arzobispo invitó a los fieles a orar una vez al día la oración del “Memorare”.
Oración para recibir la Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo, en este momento, recibirte sacramentalmente, más ya que no puedo hacerlo sacramentalmente, ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras ahí, y me uno completamente a tí. No permitas que me separe de tí. Amen.
Memorare
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que hayan
acudido a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado por ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente.
Amén.
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