DETROIT — El P. Tim Birney está acostumbrado a adaptarse a los cambios.
Como el sexto de ocho hermanos y tío de 48 sobrinos, su vida estuvo marcada por lo que él mismo define como “un poco de caos organizado”.
En su ministerio sacerdotal, ha sido párroco de comunidades grandes y pequeñas, de parroquias agrupadas y de escuelas. También se desempeñó como director de vocaciones y como moderador de una de las familias de parroquias más grandes de la Arquidiócesis de Detroit.
Ahora, asume un nuevo desafío. En realidad, dos.
En octubre, el arzobispo Edward J. Weisenburger nombró al P. Birney, de 54 años, vicario general y moderador de la curia de la Arquidiócesis de Detroit, en reemplazo del P. Jeffrey Day, de 53, quien ocupaba ambos cargos desde 2018.
El P. Birney comenzó oficialmente su nueva misión el 2 de enero y en las últimas semanas ha estado familiarizándose con la vida en la cancillería.
“El moderador coordina, supervisa y dirige todas las oficinas que trabajan en la cancillería, que también se conoce como la ‘curia’”, explicó el P. Birney a Detroit Catholic. “Mi responsabilidad es asegurarme de que todos trabajen de manera conjunta, de que se atiendan las prioridades del arzobispo y de que brindemos el servicio más eficaz posible a las parroquias y ministerios de la arquidiócesis”.
Además de liderar y gestionar las tareas cotidianas de la curia, la “sede central” de la Iglesia local en el centro de Detroit, el P. Birney también asistirá al arzobispo Weisenburger en el ejercicio de su ministerio en distintos ámbitos administrativos, pastorales y canónicos.
Si bien el rol de moderador puede compararse, de manera general, con el de un jefe de gabinete, su segundo título, el de “vicario general”, se comprende mejor desde el derecho canónico.
“Cada diócesis tiene un vicario general designado por el obispo, con la misión de actuar en su nombre en aquellos ámbitos que el obispo le delega”, explicó el P. Birney. “En la Arquidiócesis de Detroit también contamos con obispos auxiliares, que conservan asimismo el título de vicarios generales”.
El P. Birney destacó el acompañamiento y el apoyo del arzobispo Weisenburger, quien antes de ser nombrado obispo se desempeñó como vicario general y moderador de la curia en la Arquidiócesis de Oklahoma City.
“Me sentí muy honrado de que el arzobispo pensara en mí para un cargo como este”, señaló. “Llevo apenas unas semanas, así que todavía estoy aprendiendo, por supuesto, pero ha sido muy comprensivo, servicial y paciente conmigo”.
También destacó el acompañamiento de su predecesor, el P. Day, quien ha sido “sumamente generoso al compartir información, conocimientos y experiencia para ayudarme a desempeñar bien esta misión”.
El P. Birney reconoce que al comienzo sintió cierta inquietud, pero asegura que pronto dio paso a la confianza y a la fe.
“Al principio pensé: ‘¿Tengo realmente los dones y las capacidades necesarias para esto?’”, confesó. “Pero en cada misión que me ha tocado, el Espíritu Santo siempre provee y me da la ayuda que necesito. Me anima mucho encontrar en las Escrituras pasajes que repiten una y otra vez: ‘No tengan miedo’. Dicen que aparece 365 veces —no sé si será exacto—, pero es una de las expresiones más repetidas, y no es casualidad”.
Entre sus nuevas responsabilidades, P. Birney se reúne periódicamente con el gabinete del arzobispo, integrado por asesores cercanos y responsables de la Cancillería, y acompaña el trabajo de distintos departamentos y ministerios que llevan adelante decenas de programas y servicios en beneficio de las parroquias, escuelas e instituciones de la arquidiócesis.
Ordenado sacerdote en 1998, el P. Birney ha dedicado la mayor parte de su ministerio a la vida parroquial. Sirvió primero en St. Lawrence, en Utica, y en Divine Child, en Dearborn, antes de ser enviado a la zona rural de Marine City, donde estuvo al frente de la parroquia agrupada y luego fusionada Our Lady on the River, que reúne comunidades de Marine City, Algonac y Harsens Island.
En 2007, fue convocado para desempeñarse como director de vocaciones de la arquidiócesis, cargo que ocupó durante nueve años acompañando a hombres que discernían su llamado al sacerdocio.
En 2016, el P. Birney asumió como párroco de una de las parroquias más grandes de la arquidiócesis, St. Frances Cabrini, en Allen Park, y posteriormente fue nombrado moderador de la familia de parroquias Quo Vadis, que también incluye comunidades en Taylor, Melvindale y Ecorse. Además, estuvo a cargo de las escuelas de Cabrini, desde el nivel inicial hasta el secundario.
Con años de experiencia pastoral, el P. Birney ha podido ver de cerca cómo las parroquias se benefician del acompañamiento y los servicios de la Cancillería, y su objetivo es fortalecer aún más ese vínculo.
“Sé por experiencia lo importantes que fueron para mí el acompañamiento y los recursos que ofrece la diócesis”, señaló. “Eso me ayuda a tener claro cómo orientar mi tarea y cómo servir mejor desde este rol de liderazgo”.
Ese acompañamiento será aún más importante mientras la Arquidiócesis de Detroit se prepara para iniciar un proceso de reestructuración de dos años, que incluirá también una reorganización de la propia curia, con el objetivo de responder mejor a las necesidades de las parroquias, escuelas y ministerios, en un contexto de cambio y adaptación a nuevas realidades.
“Son momentos difíciles, pero es precisamente para esto que estamos llamados como cristianos”, señaló el P. Birney. “Mi antiguo director espiritual, Msgr. John Zenz, quien fue moderador de la curia y vicario general durante el episcopado del cardenal Adam J. Maida, entre 1990 y 2008, solía decir que ser cristiano es estar abierto y dispuesto al cambio”.
“Contamos con un equipo muy comprometido, trabajador y profundamente creyente. Siempre lo supe, pero ahora lo estoy viendo de cerca”, afirmó el P. Birney. “Tenemos mucho trabajo por delante y muchos cambios en el horizonte, algo que para muchos resulta difícil, pero si somos sinceros, el cambio siempre ha sido parte de nuestra vida”.
El P. Birney expresó además su deseo de que la comunidad de St. Frances Cabrini lo recuerde como un administrador capaz, pero también como alguien atento, cercano y sensible a las necesidades de los demás.
“Ojalá me vean como una persona accesible, con amor por la Iglesia y por Dios, y que hizo todo lo posible por reflejar eso con sus acciones diarias”, señaló. “Todos fuimos creados para ser discípulos desde el bautismo, llamados a vivir esa vocación en nuestras comunidades parroquiales y también en la comunidad en general”.
El P. Birney nació en Detroit, y señaló que encuentra fortaleza en el ejemplo del beato Solanus Casey, cuya humildad y fe “son un testimonio de cómo puede y debe vivirse el servicio sacerdotal”.
Además, comparte una devoción especial a santa Frances Cabrini y un vínculo particular con san Patricio.
“Por mis raíces irlandesas, tengo una profunda devoción a san Patricio”, explicó el P. Birney. “Es mi segundo nombre, mi nombre de confirmación y, además, recibí la confirmación el día de san Patricio”.
Los tres santos tienen algo en común: salir y hacer lo que el Señor pide, incluso cuando no era lo que esperaban, señaló el P. Birney.
“Mi hermano menor es marine, y siempre digo que tenemos que sacar a relucir nuestro ‘marine interior’: primero observar y luego adaptarse”, explicó. “En cualquier rol dentro del ministerio —ya sea como miembro de un equipo, párroco o alguien que trabaja en la Cancillería— gran parte de lo que hacemos consiste en mirar con atención y actuar en consecuencia, para ser lo más eficaces posible en nuestra misión”.
“Sé que será un trabajo exigente y que será fundamental sostenernos en la oración”, añadió. “Rezo para ser un líder positivo, porque la misión de la Iglesia, que es anunciar el Evangelio, servir a los pobres y ser una voz de razón, compasión y caridad, es demasiado importante como para hacerlo a medias. Hoy más que nunca, el mundo lo necesita”.
“Sé que será un trabajo exigente y que será fundamental sostenernos en la oración”, añadió. “Rezo para ser un líder positivo, porque la misión de la Iglesia, que es anunciar el Evangelio, servir a los pobres y ser una voz de razón, compasión y caridad, es demasiado importante como para hacerlo a medias. Hoy más que nunca, el mundo lo necesita”.


