Desde hace tiempo, el Padre Adams se ha sentido llamado a la vida oratoriana y se unirá al programa de postulantado del Oratorio de Port Antonio en septiembre
DETROIT - Para el P. Ryan Adams, las celebraciones del 13 de agosto en la Basílica de Ste. Anne y del 20 de agosto en la parroquia Most Holy Trinity en Corktown tuvieron un sabor agridulce.
Los feligreses de ambas parroquias, donde el P. Adams ha servido desde 2017, acudieron para despedirlo.
"Qué pérdida tan grande", se escuchó decir a algunos. "Sabíamos que estábamos bendecidos", comentaban otros, "pero no sabíamos cuánto".
Mientras el P. Adams se prepara para dejar la Arquidiócesis de Detroit y unirse al postulantado del Oratorio de Port Antonio, en Jamaica, sintió que el amor se derramaba sobre él.
"Me siento bendecido al ver lo mucho que Dios me ama a través del amor que ustedes me demuestran,” dijo el P. Adams en su homilía final en Most Holy Trinity. "Lo digo en serio: lo que estoy experimentando es su amor por mí, y yo no soy tan especial. Siento el amor de Dios por mí. Ese es el regalo que Dios me ha hecho al momento de despedirme de todos ustedes".

Ese amor es particularmente significativo para el P. Adams mientras emprende su viaje a Jamaica. Haber tomado la decisión no fue fácil, comentó el P. Adams a Detroit Catholic.
"He sufrido mucho durante los últimos años. El proceso de discernimiento por el que estaba atravesando y el hecho de averiguar qué quería hacer con mi vida y mi futuro fueron muy difíciles, muy duros", contó el P. Adams en su homilía. “La razón por la cual el Señor nos pone pruebas en el camino es porque quiere la comunión con nosotros en el amor - nos guía a través de su amor - y veo que en mis propias pruebas y en mi propio desierto me abrió una nueva puerta, una puerta para vivir mi sacerdocio de una manera con la que siempre había soñado".
El 8 de septiembre, el P. Adams se trasladará al Oratorio de Port Antonio de San Felipe Neri en Jamaica, donde vivirá con cinco compañeros sacerdotes, un hermano religioso y un laico en proceso de discernimiento sacerdotal. Juntos, compartirán las comidas, la comunidad y el tiempo de oración, y además servirán a la comunidad que rodea su hogar en la Arquidiócesis de Kingston. El territorio incluye tres parroquias y dos escuelas.
Un oratorio es una sociedad de Derecho Pontificio dedicada a la vida apostólica -una "orden casi religiosa", explicó el P. Adams- en la que los sacerdotes viven y sirven juntos independientemente de la diócesis de la que procedan.


Si bien fue ordenado sacerdote diocesano en 2014, el P. Adams reveló que el deseo de vivir en comunidad estuvo presente en su corazón durante mucho tiempo. Mientras se encontraba en el seminario mayor de Sacred Heart, conoció al P. Dan Jones, entonces profesor asociado del seminario, con quien compartía este deseo.
"Tenía una postura muy firme acerca de cómo un sacerdote debe vivir en la vida comunitaria, porque en la vida comunitaria recibes apoyo, y además el hierro afila el hierro", explicó el P. Adams. "Puedes practicar el verdadero amor porque Dios es relacional. Así que, si quieres crecer en el amor auténtico, necesitas a los demás para ese gran don".
Durante su paso por el seminario, el P. Adams, junto con el P. Jones, comenzaron a explorar la posibilidad de formar una comunidad para sacerdotes. El P. Jones propuso la idea de un oratorio, y los dos empezaron a leer la vida de San Felipe Neri, un sacerdote del siglo XVI que fundó una sociedad de clérigos seculares dedicados a la vida apostólica.
"Tanto el P. Dan como yo sentíamos una enorme alegría interior que inundaba nuestros corazones, y por eso, al leer la vida de San Felipe Neri, pensé: 'Ésta es una vida hermosa'. Su visión de la vida ordinaria era el oratorio; era como la vida Benedictina, lo que significa que una vida estable es posible", dijo el P. Adams.
Cuando llegó el momento de presentar al Arzobispo Allen H. Vigneron la idea de establecer un oratorio en Detroit, recibió una respuesta positiva; le comunicó al P. Jones que había estado orando por uno y que anhelaba tener un oratorio en la ciudad desde hacía tiempo, así que dio el visto bueno a los sacerdotes para que siguieran adelante con el proyecto.

En 2017, la posibilidad de vivir juntos en una comunidad se hizo realidad, y los sacerdotes recibieron la parroquia Our Lady of the Rosary en Midtown como sede de su oratorio. Como parte del proceso de creación del oratorio, los sacerdotes invitaron al director del Oratorio de Port Antonio en Jamaica, Monseñor Michael Palud, para que supervisara el establecimiento del oratorio en Detroit.
Si bien existían otros oratorios en Estados Unidos, el padre Jones sentía que Jamaica era un mejor ejemplo del carisma que esperaban llevar a Detroit.
"Él dijo, 'En Detroit, queremos ser un oratorio misionero, así que, siendo Jamaica nuestro referente, dejemos que Mons. Palud evalué nuestro oratorio ya que queremos llevar ese estilo de vida'", explicó el P. Adams.
Sin embargo, el oratorio nunca llegó a concretarse: tanto el P. Adams como el P. Marko Djonovic, que se habían unido al oratorio, se trasladaron, y el P. Jones fue finalmente reasignado a la parroquia católica universitaria St. John Fisher en Auburn Hills.
El P. Adams lamentó enormemente la pérdida del oratorio.
"Fue un golpe muy duro, y fue entonces que pude discernir con mayor claridad que el sacerdocio diocesano, al menos la estructura en la que me encontraba, no era para mí", dijo el P. Adams.

A pesar de que su sueño se había frustrado, y a pesar de no compartir la vida cotidiana dentro de la estructura de un oratorio, el P. Adams comenzó a dedicarse a uno de los carismas de la vida oratoriana de San Felipe Neri: la juventud.
El P. Adams contribuyó a formar varios grupos de jóvenes adultos en la Basílica de Ste. Anne, entre ellos Corazón Puro, Las Flores para niñas de 14 a 17 años, y Cristeros, un programa de lacrosse para niños.
"Simplemente decidí hacerlo, y no creo que tenga un carisma especial para relacionarme con los jóvenes ni nada parecido, pero pude sentir que esto daría sus frutos", explicó el P. Adams.
Sin embargo, hacia finales de 2020, el P. Adams contó que tuvo que atravesar uno de los momentos más difíciles de su sacerdocio. El COVID-19 le provocó dolor y sufrimiento, primero al dejarlo aislado y luego al cobrarse la vida de un joven adulto al que conocía bien. El párroco del P. Adams, Mons. Charles Kosanke, sufrió un accidente de barco que terminó con las vidas de un feligrés y de un compañero sacerdote, el P. Stephen Rooney. Estos acontecimientos tuvieron sus consecuencias.
El mayor dolor fue provocado por la muerte del P. Jones en 2021, tras haber sido diagnosticado de cáncer.
"Eso realmente me afectó, porque él era como un padre para mí. Lo quería mucho", contó el P. Adams. "Después de eso me pregunté: '¿A dónde iré ahora?'".
El P. Adams se tomó cinco meses de descanso de la vida parroquial. Sin embargo, nunca perdió de vista el oratorio. Se dio cuenta de que era improbable que su visión de un oratorio en Detroit se hiciera realidad, y decidió visitar el oratorio de Jamaica.
"Fui allí y sentí este renacimiento en mí como persona y como sacerdote", dijo el P. Adams. "Lo sentí en mi corazón, e incluso el director me dijo: 'Puedo ver mucha paz en tus ojos'".

En enero de 2023, el P. Adams presentó al arz. Vigneron una carta solicitando permiso para unirse al noviciado del Oratorio de Port Antonio. En marzo, el arzobispo le concedió la petición.
Durante los próximos tres años, el P. Adams vivirá y permanecerá con la comunidad mientras discierne si debe convertirse en miembro oficial y pasar allí el resto de su vida.
"No es necesario hacer votos. San Felipe siempre quiso que sus hombres fueran libres... puedes elegir irte en cualquier momento, pero asumes un compromiso: 'Yo me comprometo con ustedes, y ustedes se comprometen conmigo hasta mi momento de partir con el Señor en su gloria'", afirmó el P. Adams.
Mientras tanto, vivirá y trabajará junto a sus hermanos sacerdotes al servicio de una comunidad pobre.
La vida de oratorio es muy sencilla, explicó el P. Adams.
"Te despiertas por la mañana, y luego de media hora de adoración al Santísimo, rezas la oración de la mañana junto a los demás", explicó el P. Adams. " Desayunas acompañado del resto, y luego partes a tu apostolado, y por lo general tratan de hacerlo de dos en dos para que te acompañe otro hermano".


Los oratorianos enseñan en las escuelas, realizan tareas parroquiales o emprenden el difícil camino por la montaña para visitar a enfermos y ancianos. Al final de la jornada, regresan a su casa y rezan de nuevo ante el Santísimo Sacramento, hacen la oración de la tarde, cenan en comunidad y terminan la noche con actividades recreativas y de integración.
De todos modos, dejar atrás la Arquidiócesis de Detroit junto a sus feligreses a quienes tanto ama le genera sentimientos encontrados, aseguró el P. Adams. Sin embargo, cada tramo de este largo camino ha sido parte del plan de Dios para convertirlo en la persona que necesita ser plenamente, una perspectiva que le aporta paz.
"El arzobispo me dijo: 'Sigue la luz del Señor paso a paso'", contó el P. Adams. "Me gusta mucho pensarlo así, porque en lugar de proyectar cómo será mi vida en un futuro lejano, todo lo que sé es lo que brilla ante mí. Lo que sé es que Dios ha puesto el deseo de una vida oratoriana en mi corazón desde hace muchos años. No resultó como yo lo esperaba en Detroit, pero me abrió la puerta para intentarlo en Jamaica".
El P. Adams no sabe lo que le deparará el futuro, pero confía en seguir el camino que Dios ha pensado para él.
“Yo simplemente avanzo paso a paso, siguiendo la luz del Señor que ilumina mi camino. Eso es todo lo que veo,” compartió el P. Adams. "Durante mi camino espiritual, el Señor me ha hecho sentir pobre e impotente, no he logrado armar el rompecabezas por mí mismo. Sin embargo, ahora puedo ver las cosas con mayor claridad, y no es gracias a mí. Es fruto de Su gracia".